Necios: el precio de venderse a uno mismo

24 de abril de 2026
1 minuto de lectura
Ilustración: Rafael Bonacasa.
Si deseamos construir para todos, dejar algo que mínimamente valga la pena, no deberíamos exhibir balances ni cifras

A veces creemos ser lo que no somos. Incapaces de distinguir el valor del precio. Si el acto debe justificarse, entonces el gesto realizado no ha sido el correcto. Seguir órdenes afectadas por los escombros o ampararse en la falsa creencia de la buena voluntad no reconvierte en noble la actuación viciada.

Reunidos en torno a la mesa, la diferencia entre hombres solo es el precio que cada uno se pone así mismo. Algunos se ofrecen de saldo, apenas nada. Es evidente que no todo vale. Que el temor o miedo a perder lo que en realidad no se tiene no debería condicionarnos hasta el extremo de sobrepasar las mínimas reglas de la ética y razón.

Si deseamos construir para todos, dejar algo que mínimamente valga la pena, no deberíamos exhibir balances ni cifras. Los que se oponen con sensatez, y aún se indignan, son los que merecen la pena y acabaran dejando huella. El resto puede seguir pasando hasta que definitivamente desaparezcan.

1 Comment Responder

Responder

Your email address will not be published.

No olvides...

Los escombros de la República

Un análisis minucioso y normativo que plantea reflexiones y tiene en cuenta los dictámenes de la historia En los últimos…

El Mayo, su dinero y las autoridades que ayudaron a amasarlo

La cadena perpetua de Zambada funcionará como un hito judicial en el extranjero, pero dejará impune la red institucional que…
Sánchez, Zapatero y Puente

El testaferro ‘Julito’ Martínez sitúa a Zapatero como mediador en el rescate de Plus Ultra sin detallar qué gestiones hizo

El adlátere del expresidente ha enviado un escrito al juez Calama, ante quien ha declarado hoy, tumbando la estrategia defensiva…

El Mundial que unió de nuevo a España y México

La visita del monarca español a territorio mexicano se transformó en un reencuentro cálido y respetuoso que evidenció la madurez…