El escritor británico Mark Galeotti vuelve a poner el foco en una de las realidades más persistentes de la humanidad con su nuevo libro Homo Criminalis. En esta obra, el autor analiza cómo el crimen organizado ha acompañado a las sociedades desde sus orígenes y cómo su relación con el poder político sigue siendo compleja y, en muchos casos, inevitable.
Lejos de ofrecer una visión simplista, Galeotti plantea una idea que invita a la reflexión: el crimen puede combatirse, pero difícilmente podrá ser eliminado por completo. Según el autor, los Estados cuentan con mayores recursos, capacidad operativa y legitimidad, lo que los sitúa en una posición de ventaja frente a las organizaciones criminales. Sin embargo, estas últimas tienen una capacidad de adaptación que les permite sobrevivir en los márgenes de la sociedad.
El escritor explica que los grupos delictivos suelen moverse en entornos donde la presencia del Estado es limitada, como barrios marginales o zonas con escaso control institucional. En estos espacios, el crimen encuentra terreno fértil para desarrollarse, aprovechando la falta de oportunidades y la desigualdad social. Por ello, el problema no es únicamente policial, sino también estructural.
Galeotti también destaca que las estrategias de intervención no siempre logran erradicar el problema. En muchos casos, las operaciones policiales simplemente desplazan a los delincuentes de un lugar a otro, sin eliminar el fenómeno de raíz. Esto evidencia la necesidad de abordar el crimen desde una perspectiva más amplia, que incluya políticas sociales y económicas.
Uno de los aspectos que el autor subraya en su obra es el papel de la violencia dentro del crimen organizado. Aunque no todas las actividades delictivas implican el uso de la fuerza, la presencia de armas incrementa el riesgo tanto para las fuerzas de seguridad como para la población civil. Cuando los delincuentes disponen de estos medios, no dudan en utilizarlos para proteger sus intereses o imponerse en disputas.
Este contexto genera una sensación de inseguridad que puede afectar a la confianza de la ciudadanía en las instituciones. Para Galeotti, garantizar la protección de la población debe ser una prioridad, ya que la percepción de abandono puede fortalecer indirectamente a las redes criminales.
Otro de los puntos clave de su análisis es la idea de que los delincuentes no nacen, sino que se forman en función de su entorno. Las condiciones sociales, económicas y culturales influyen de manera decisiva en las oportunidades de las personas. En contextos donde las opciones legales son limitadas, el crimen puede aparecer como una alternativa.
A pesar de los avances tecnológicos y los cambios en la sociedad, Galeotti sostiene que las bases del crimen organizado siguen siendo sorprendentemente similares a las de siglos pasados. Las estructuras, las motivaciones y los métodos se adaptan, pero mantienen una esencia constante.