Los altos dignatarios del anterior Gobierno del PP fueron tan inútiles que, lejos de indultar a los suyos por haber realizado “infracciones” que ellos mismos les ordenaron cometer, si siquiera les “echaron una mano” en su defensa, creyendo que el Secreto de Estado libraría a los ordenantes de penalidades, que no de sus propias desvergüenzas.
Estos de ahora tienen otra forma de decir “aguanta” a sus correligionarios que dieron la cara para presuntas tropelías. Si, llegados a juicio, son condenados, los indultan y santas pascuas. Que el Fiscal General se fue de la lengua, lo indultan; que ministros y secretarios generales o expresidentes iban a por las comisiones del reparto, los indultaremos y punto. La travesura del indulto es el mejor juguete para que sigan distraídos, y sin tirar de la manta, los amiguetes que hoy transitan por la vía dolorosa, pero sin demasiadas consecuencias.
En España estamos lejos de conseguir que “acierte la mano con la herida”, sobre todo si la herida está en manos ajenas que, curadas, pueden hacernos mucho daño. Mejor que sigan con su poquita de sangre.
Pedro Villarejo
El indulto, lo excepcional, se convierte en impunidad de autor. Algunos grupos no amparan los valiosos servicios que les prestaron. Excepcional Pedrouve, la verdad late detrás de sus palabras.