Mirar sin juzgar en prisión: una idea elegante que se rompe en cuanto se cruza la puerta de un módulo

18 de abril de 2026
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Reseñas de libros. VI Reunión de Jueces de Vigilancia Penitenciaria. 21 a 23 de marzo de 1992

​“Todos los hombres mueren. Nosotros somos instrumentos de la muerte, no la propia muerte. Nosotros matamos hombres, pero no tenemos la osadía de juzgarlos.”

​Canción de hielo y fuego 5​

La verdad es que me está dando mucho juego la charla dada por la magistrada-juez Dña. Pilar Gonzálvez en estas jornadas del año 1992. Así continúa Su Señoría desgranando los criterios a tener en cuenta para la clasificación de los presos y dentro de los criterios científicos hace mención a la conducta global o comportamiento, en sentido psicológico, como “cualquier actividad observable del interno” desprovista de valoraciones jurídicas o morales, y sin que por lo tanto se haya de identificar con conducta buena o mala o penitenciaria.

Pero, ¿en qué mundo has vivido tú y en qué cárcel has prestado tus servicios?

​Hay que decir que eso que propugna la señora magistrada jueza es del todo imposible. Por varios motivos, y que los que hemos vivido la prisión conocemos de primera mano. Voy a intentar explicarlo sin que se me vayan los dedos por el teclado y se me escape mi peor versión del vocabulario español.

En primer lugar, es necesario recordar a los ciudadanos de a pie, esos que no han pasado por prisión, que la cárcel es una microsociedad, un microcosmos, donde las reglas no figuran en el Código Penal o en el Código Civil o en cualquier otra norma de nuestro ordenamiento jurídico de la calle.

​¿Qué piensa la psicóloga cuando entra en el módulo y ve a los pederastas viendo en la televisión un programa para y con niños? ¿Qué piensa la jurista cuando ve a esos mismos pederastas viendo ese programa de niños y con niños, con una pierna golpeando el suelo con un tic nervioso, o tocándose la entrepierna?

​¿Van a ser capaces de observar esa conducta quitándole las valoraciones jurídicas o morales? ¿Van a ser capaces de clasificar a esos pederastas sin tener y sin expresar en sus informes las valoraciones jurídicas o morales de lo que han observado?

​Cuando un miércoles al final de la mañana se forma la cola en la ventana del economato, ¿se tiene en cuenta lo que en la calle es “usura”? ¡No! Ni mucho menos. En la cárcel rige la norma del 2×1. Si yo te doy un paquete de tabaco hoy, tú me devuelves 2 paquetes el próximo miércoles, que es cuando se cargan las tarjetas del peculio. Si no cumples el trato, no va a haber demanda civil con intento de conciliación. Un primer aviso en forma de bofetadas o caída por las escaleras y el miércoles que viene la deuda sube a tres paquetes y nada de avisos si no cumples.

El código penal español tiene un listado de delitos y castiga con la mayor pena el asesinato del rey y la gente de alta alcurnia. El asesinato está muy penado también. Sin embargo, follarte a un niño se castiga solo con 15 años.

En la cárcel hay otro listado que ordena los delitos de otra manera. Si tú entras en la cárcel por haber matado a un juez o a un fiscal, te aplauden, te hacen la ola y no te faltará tabaco. Si entras por haberte follado a un niño o a una niña, tu vida en prisión va a ser un verdadero infierno. Te meterán en la celda al depredador sexual que tenga la polla más gorda y larga de la cárcel. Sexo no te va a faltar. Y hostias como panes tampoco, porque cuando salgas de la celda con el culo roto, te van a dar hasta detrás de las orejas.

​Por eso hay módulos de “violetas” y pederastas. De violadores y pajilleros. Así los funcionarios no tienen que preocuparse demasiado. Tan solo recomendar a todos que utilicen los preservativos que tan generosamente nos entregan con el lote higiénico. Y la vaselina.

La conducta en la cárcel no tiene nada que ver con la conducta en la calle. Un “buen preso” no tiene por qué ser un buen ciudadano ni lo contrario, ya que las normas son muy diferentes dentro de la cárcel que fuera.

​Los miembros y “miembras” de las juntas de tratamiento son seres humanos y por lo tanto es muy difícil que se despojen de sus prejuicios y no realicen valoraciones jurídicas ni morales. Si pudieran hacerlo no denegarían los permisos ni las progresiones de grado por motivos tales como: “Gravedad del delito cometido”; “falta de asunción de a autoría criminal”; “No se observan criterios para progresar a una vida en semilibertad”, etc.

​También tengo que hacer mención al libro de Mercedes Gallizo, Directora de prisiones durante 8 años, Penas y personas, del que haré una reseña cuando termine con este. En dicho libro, lo mismo que en el que ya comenté, Andar 1 Km en línea recta, el común denominador es la falta de empatía del personal de las juntas de tratamiento y precisamente todo lo contrario a lo que propugna nuestra jurista reconvertida, la total y absoluta valoración jurídica y moral de las personas, de sus delitos y de su comportamiento en prisión.

Para muestra un botón. Esto es un extracto de la carta de un preso a la señora directora general de Prisiones y que ella utiliza para rellenar su libro:

“En conversación con mi Asistenta Social (SIC) (dos veces en tres años) y cinco minutos, al rellenar el impreso tipo y decirla yo que por qué no podíamos cumplir juntos mi esposa y yo, me contestó textualmente -Los matrimonios entre presos no tienen la misma valoración que los realizados en libertad–… (es preferible no valora esta frase)”.

​O esta otra selección de otro preso que se dirige a la ilustre señora Gallizo:
​“Hace cerca ya de un par de años unos señores vinieron al módulo y me hicieron unas pequeñas entrevistas. La primera dijo ser la trabajadora social; tras una pequeña conversación, dijo que trataría de facilitarme el acceso al 100.2. no la he vuelto a ver más.

El segundo dijo ser el educador. Me deseó suerte. Tampoco le he vuelto a ver.

​El tercero dijo ser el psicólogo. No le interesaron nada mis actividades; cortó la conversación afirmando que a mí en uno o dos años no se me iba a conceder nada. Al preguntarle el motivo, la respuesta fue profunda y clarificadora: aquí funcionamos así.”

Continuará.

Alfonso Pazos Fernández

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