SER TORO BRAVO QUISIERA:
Si después de muerto me reencarnara, elegiría ser Toro de Lidia y Soberano de la Dehesa.
Dedicado al novillero con caballos Jesús Romero «El Alcarreño» “Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.” (Cervantes)
I
No me busquen en la plaza,
ni me esperen en la arena;
que no soy de seda y oro,
ni de sangre y de condena.
Si al mundo volver pudiera,
tras cumplir con mi sentencia,
reencarnado en este suelo…
¡ser toro bravo quisiera!
II
No quiero la vida mansa
del buey de cuello vencido,
ese que arrastra las sombras
de un pasado ya perdido.
No quiero el alma castrada,
ni el yugo, ni el arado,
ni las mataduras hondas
de un animal humillado.
III
No me den el muro frío
donde la vaca se encierra,
atada siempre al pesebre,
sin ver el sol de la tierra.
No quiero el tirón de mano
ni la paja del establo,
que la libertad no cabe
bajo el techo de un esclavo.
IV
Yo quiero ser rey de campo,
soberano de las dehesas;
vivir bajo las encinas
con la frente siempre tiesa.
Beber el aire del monte,
dueño entero de mi sombra,
pisando con paso firme
la tierra que bien me nombra.
V
Y si la muerte me llama,
que me encuentre de guerrero;
con la sangre bien caliente
y el orgullo por acero.
No quiero el asesinato
cobarde del matadero,
donde se apaga la vida
entre ganchos de un herrero.
VI
Prefiero el final del héroe,
luchando en mitad del ruedo,
y entregar mi último aliento
sin saber lo que es el miedo.
Morir de pie, con mi honra,
frente al sol y con mi casta…
¡Que el asesinato en frío
es la muerte que me espanta!
AL CIERRE: El 12 de abril, cuando el sol de Madrid busque la sombra de los tendidos, Jesús Romero «El Alcarreño» no solo saldrá a torear. Saldrá a defender una verdad que nace y vive en la dehesa y muere con la gloria del acero. Allí estaremos los que, sin ser de plaza, somos de casta. Porque en Las Ventas, como en la vida, solo los que se atreven a ser bravos escriben la historia.