La declaración de Jéssica Rodríguez en el Tribunal Supremo ha arrojado nuevos detalles sobre su relación con el exministro y el contexto en el que accedió a una vivienda en la céntrica Plaza de España de Madrid. En calidad de testigo, ha explicado que fue el propio José Luis Ábalos quien le sugirió buscar una casa y elegir la que más le convenciera.
Según su relato, en aquel momento vivía con compañeras de universidad y mantenía una relación frecuente con el exministro, lo que generaba dificultades para compartir tiempo juntos. Fue entonces cuando, según explicó, él le planteó la posibilidad de tener un espacio propio. “Me dijo que mirara casas y que eligiera la que me gustara”, afirmó, subrayando que la decisión final fue suya.
La vivienda, tal y como detalló, tenía como objetivo facilitar encuentros entre ambos, ya que Ábalos mantenía su residencia oficial con su familia. Esta circunstancia refleja una relación personal compleja, marcada por la discreción y por una convivencia paralela que, según la testigo, no llegó a consolidarse plenamente.
Además, Rodríguez reconoció que daba por hecho que el alquiler del inmueble lo asumía el entonces ministro, aunque aseguró no haber preguntado directamente por ello. Esta afirmación cobra relevancia en el contexto del procedimiento judicial, donde se investiga si esos gastos pudieron ser cubiertos por terceros vinculados a una presunta trama.
Más allá de la vivienda, la declaración también abordó otros aspectos controvertidos. Uno de ellos fue su paso por Ineco, donde, según reconoció, llegó a ser contratada sin haber desarrollado una actividad laboral efectiva. Rodríguez insistió en que desconocía el carácter público de la empresa y que acudió a una entrevista gestionada por el entorno de Ábalos.
En su testimonio, defendió que se consideraba sobradamente cualificada para el puesto y que su participación se limitó a una reunión puntual, tras la cual no volvió a desempeñar ninguna función. Este punto ha generado especial interés en el proceso judicial, al estar relacionado con posibles irregularidades en la contratación.
La relación sentimental entre ambos, según explicó, comenzó en 2018 y se desarrolló de forma intensa durante varios meses. Sin embargo, terminó en 2019 debido a la negativa del exministro a modificar su situación personal. A pesar de la ruptura, Rodríguez afirmó que la relación finalizó sin conflicto y que él permitió que continuara en la vivienda mientras finalizaba sus estudios.
Este gesto, según su versión, respondía a un sentimiento de responsabilidad personal por parte de Ábalos, quien consideraba que había influido en su cambio de vida. “Nuestra historia solo la conocemos él y yo”, afirmó, dejando entrever una relación marcada por decisiones privadas que ahora adquieren relevancia pública.
El caso sigue su curso en los tribunales, donde cada declaración contribuye a reconstruir un escenario en el que se entrelazan relaciones personales, decisiones económicas y posibles responsabilidades legales.