El conflicto con Irán, desencadenado tras la ofensiva militar lanzada el 28 de febrero por Estados Unidos y Israel, cumple un mes marcado por un cambio de tono en Washington. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha comenzado a explorar la vía diplomática para poner fin a la guerra, aunque mantiene la presión sobre Teherán con advertencias de nuevas acciones militares si no se alcanza un acuerdo.
En las últimas semanas, la Casa Blanca ha planteado abrir negociaciones con el objetivo de reducir la tensión y buscar una salida al conflicto. Trump incluso amplió el plazo de un ultimátum que había fijado a Irán para reabrir el tránsito marítimo por el estratégico estrecho de Ormuz, una decisión interpretada como una señal para facilitar los contactos diplomáticos.
Desde Washington aseguran que existen conversaciones “sólidas” encaminadas a lograr un pacto que garantice el fin de la guerra y limite el programa nuclear iraní. La propuesta que se estaría discutiendo contempla el levantamiento de sanciones internacionales a cambio de que Teherán desmantele sus instalaciones nucleares y reduzca su capacidad de misiles balísticos.
Sin embargo, las autoridades iraníes han negado inicialmente la existencia de negociaciones directas y han acusado a Trump de intentar influir en el mercado del petróleo con sus declaraciones. Aun así, varios países estarían actuando como intermediarios en contactos indirectos, entre ellos Pakistán, Omán y Turquía.
El Gobierno paquistaní incluso ha confirmado su disposición a facilitar el diálogo entre ambas partes y ha reconocido que está transmitiendo mensajes entre Washington y Teherán. Según distintas informaciones, sobre la mesa existe un borrador con varios puntos que servirían de base para un posible acuerdo de paz.
Por su parte, Irán considera que la propuesta inicial de Estados Unidos es excesiva y ha planteado sus propias condiciones para avanzar. Entre ellas, exige el fin de los ataques, garantías de que no se repetirá una agresión militar, compensaciones por los daños sufridos y el reconocimiento de su autoridad sobre el estrecho de Ormuz.
Mientras la vía diplomática intenta abrirse paso, Israel mantiene una postura mucho más dura. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha advertido de que su país continuará ampliando las operaciones militares contra objetivos iraníes y no descarta intensificar los bombardeos.
Las fuerzas israelíes ya han llevado a cabo ataques contra instalaciones estratégicas y han reivindicado la muerte de varios altos mandos iraníes, entre ellos el comandante naval de la Guardia Revolucionaria, Alireza Tangsiri. Estos movimientos reflejan las tensiones entre la estrategia militar de Tel Aviv y los intentos de Washington por explorar una salida negociada al conflicto.