El fuego y el dragón

14 de mayo de 2026
8 minutos de lectura
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante el Debate General de la 80.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. | EP

La trayectoria de Donald Trump ha hecho regresar la política internacional al estado de naturaleza. En él, cada Estado es un lobo para todo otro Estado

En política, negociar no es imponer. Ni aplastar al contrario. Negociar es transar, transigir, intercambiar. Consiste en renunciar a algunas demandas en juego para obtener la satisfacción de otras. Y ello, a cambio de que el interlocutor de la contraparte haga algo semejante. El resultado es un consenso, un acuerdo de mutuas cesiones y de mutuos avances. Esto es lo que Donald Trump nunca aprendió o nunca quiso aprender.

La instrucción y cultura del 47º presidente de los Estados Unidos de América dejan mucho que desear; por lo que vemos, quizá no hayan existido nunca. Pese a proclamarse el adalid de la paz mundial, ahora le ha cogido gusto a jugar con las vidas de miles jóvenes soldados norteamericanos, para que den muerte a miles de jóvenes iraníes u ofrezcan sus vidas a mayor gloria de un socio criminal de Trump como Benjamín Nethanyahu; pero el arrogante presidente fue incapaz de cumplir su servicio militar tras serle detectados dos socorridos espolones que su papá presumiblemente inventó que el chico tenía en una pie y tras engrasar a un preboste político, éste rompió el documento de llamada a filas, para que el grandullón caprichoso se librara de arriesgar su preciosa vida de multimillonario en los manglares de Vietnam.

¿Cómo puede decir, primero, que los gobernantes iraníes, a muchos de los cuales y a miles de ciudadanos más sus aviones y los de Israel, han asesinado, le suplican ahora negociar, añadir luego que ellos le han hecho un regalo millonario en petróleo y, al mismo tiempo, alardear de que no reconoce la autoridad del designado nuevo Guía de la República islámica de Irán, hijo y sucesor del asesinado Alí Jamenei, mientras le exige la rendición incondicional? ¿Qué tipo de negociación es ésta, si es que es tal, realizada bajo las bombas, con las hostilidades en despliegue y con tres mil marines más, ya hay 2.500 en la escena, en ruta hacia el Golfo Pérsico? “En realidad”, ironizan los dirigentes iraníes, “Trump negocia consigo mismo. No hay tal negociación”, subrayan.

Lobos contra lobos

La trayectoria de Donald Trump ha hecho regresar la política internacional al estado de naturaleza. En él, cada Estado es un lobo para todo otro Estado. Recelar del vecino y buscar su propio interés como sea, guerra incluida, forman parte de su escabroso ajuar mental. Y, desde luego, golpear antes siquiera de sospechar ser golpeado. Así, un Estado poderoso ejerce la crueldad suprema sobre el Estado más débil. Y la guerra se hace irreversible.

Es a lo que asistimos en la guerra actual desencadenada por Estados Unidos junto con Israel contra la República Islámica de Irán, cuya dirigencia política ha quedado diezmada por la aniquilación, a manos del espionaje israelí, de una decena de sus principales cabezas. Empero, Irán, hasta el momento, resiste. Su capacidad resiliente, de impronta chií, le permite reponer la clase dirigente con una nueva burocracia. Bombardea enclaves civiles israelíes, incluso otros militares cercanos al arsenal nuclear en Dimona, pero Israel, que calla sus pérdidas, parece querer resarcirse irresponsablemente abriendo otro frente, ocupando y destruyendo de nuevo Líbano; quizá sea el martirizado Líbano el único trofeo para Israel resultante de esta guerra contra Irán sin pies ni cabeza, por lo demás carísima, con gastos bimillonarios en munición cada vez más escasa, sin objetivos políticos claros, ni siquiera pergeñados, que estremece otra vez con su sinfonía de sangre no solo las conciencias, sino también los bolsillos de quienes menos tienen y más tienen que perder en este conflicto bélico made in Israel.

¿Cuánto tiempo podrá mantenerse la República islámica de Irán? es la pregunta que se hacen con fruición las cancillerías cercanas a Washington; pero la cuestión que se plantea el resto del mundo es ¿cuándo Estados Unidos se percatará de que o bien rompe la sumisión de su política exterior al capricho paranoide y al supremacismo sionista de Benjamín Nethanyahu, hoy hegemónico en el Estado de Israel, o los días del imperio estadounidense acelerarán de manera inexorable el declive de su república federal?

Monarquías, no

Por cierto, la fórmula republicana no figura en el ideario ni en la doctrina del Islam chií dudecimano, mucho menos la monarquía hereditaria. Sí consta la prelación de los descendientes del linaje de Alí, primo y yerno de Mahoma, cuarto Califa Perfecto en la dirección doctrinal de la grey islámica; pero la monarquía es considerada, por el chiísmo, como una sacrílega impostura, al igual que toda atribución de cualidades humanas a la divinidad, Alá.

Pretender, como pretende Israel, entronizar otro monarca en Irán como alternativa política al régimen de los ayatolas, es otra de las delirantes, por inviables, fórmulas políticas ansiadas por el Gabinete israelí. Sus generales desconocen que centenares de miles de entre los 92 millones de iraníes consideran el martirio como un don de la divinidad para acceder al paraíso. La Yihad, mal llamada guerra santa, es una llamada interior, vocacional, a combatir por el Islam que el musulmán chií considera en peligro. Y hoy lo perciben subjetivamente como tal. Es lo que se denomina Yihad Maanaf. Objetivamente, por lo que acontece hoy en la primera línea de la batalla abierta y subjetivamente, por la llamada interior, decenas de miles de combatientes, algunos con experiencia en la guerra, están listos para devenir en sahed, en mártires.

Por su parte, la sociedad civil persa es demasiado débil para sacudirse el yugo arabizante del clero. Nadie espera que de ella pueda partir hoy un relevo político consistente y alternativo al régimen islámico de los ayatolas. Narges Mohamadi, de 53 años, Premio Nobel de la Paz en 2023, figura civil con cierto ascendiente aunque sin programa político conocido, languidece en la tétrica prisión de Evin.

La alianza entre el lumpen iraní y la burguesía comercial, el bazar, sostén socio-político del régimen islámico, mantiene su vínculo, deteriorado pero todavía en pie. Las organizaciones políticas y sindicales progresistas y nacionalistas, fueron diezmadas y descabezadas con extrema crueldad durante sucesivas purgas por los distintos Gobiernos radicales islamistas, mientras Occidente se frotaba las manos al ver desaparecer las opciones socialistas, nacionalistas y comunistas del panorama persa, aún a costa de un Islamismo entonces cada vez más fuerte y hoy debilitado, pero al que la creciente secularización, única arma para desarmarlo realmente, no consigue parar los pies.

Sacrilegio civil, también para la sociedad estadounidense, es la reptante mutación de la Presidencia de la República federal norteamericana hacia una monarquía absoluta, como la que millones de estadounidenses, echados a las calles, denuncian que quiere encarnar Donald Trump; se trata de la misma monarquización absolutista que, de hecho, ejerce ya, sobre Israel, Benjamín Nethanyahu, rodeado de halcones… Smotrich, Gvir, Katz… tan sanguinarios como él, si bien Bibi se erige sobre ellos como primus inter pares.

Por la paz perpetua

Durante siglos y más concretamente desde que, en 1795, Emmanuel Kant escribiera su Paz perpetua, las mejores mentes y afanes de la Humanidad pugnaron, mediante el despliegue de la razón, por sacar a los pueblos y a los gobiernos del estado de naturaleza en que la guerra y la ambición los sepultaron sangrientamente: centenares de millones de seres humanos vieron segadas a espada sus vidas en la flor de su edad; millones de mujeres, ancianos, también niños, encontraron muertes pavorosas cuando los dirigentes de sus comunidades, desde la Antigüedad, los guiaron al abismo por conflictos armados que siempre, siempre, pudieron ser evitados mediante la palabra, el consenso, el acuerdo y la negociación. Pero el odio sustituyó a la razón y la Tierra se encharcó recurrente y siniestramente de sangre.

Kant subrayó con tesón la evitabilidad de la guerra. La historia humana era para él un proceso que poco a poco fue separando a la especie humana de la animalidad del estado de naturaleza, para llegar a sustituir los Estados de hecho por los Estados de Derecho. Y regular así sus relaciones mediante leyes de observancia universal, que sacasen a los Estados de su aislamiento e incluyesen a sus pueblos en una suerte de federación libre capaz de hacer respetar la autonomía de cada Estado y de brindar a todos los pueblos la libertad y seguridad que la paz procura.

Contra tiranos

Una de las principales contribuciones a la paz mundial procedió precisamente de España, más concretamente, de la Salamanca universitaria del Siglo de Oro donde una fértil escuela de Pensamiento teorizó el Derecho de Gentes, germen del futuro Derecho Internacional invocado casi dos siglos después por Kant. Es preciso recordar que los pensadores españoles, columbraron asimismo el despliegue teórico del tiranicidio, herencia de una tradición medieval, la Vindiciae contra tyranos, expresada en un libro con este título publicado en 1579 en Basilea y atribuida al hugonote francés Phillipe Duplessis-Mornay, en la estela de la matanza antiprotestante de la llamada noche de San Bartolomé. Esta doctrina tiranicida, de sustancia contractual, legitima el poder del mandatario sobre el pueblo y de éste sobre el mandatario. Pero justifica la eliminación del déspota que, por crueldad, capricho o maldad, incumple el contrato adquirido con el pueblo al que ha de proteger y no castigar tiránicamente. Aviso a navegantes.

Hoy, asistimos a un siniestro ritornello de aquellas guerras que los europeos creíamos olvidadas y arrumbadas por la historia y combatidas por la legalidad internacional. Se proponen, ni más ni menos, que llevarse por delante la democracia. La muerte vuelve a cabalgar desbocadamente por nuestro mundo, porque un imbécil de Iowa y otro de Tel Aviv han vuelto a dar sus votos a un desquiciado narcisista amoral como Donald Trump o a un atroz genocida arrogante como Benjamín Nethanyahu, respectivamente. En España, nos arriesgamos a que unos cuantos desnortados den su voto a quienes apoyan por aquí a sendos botarates criminales.

Idiotización

La idiotización a la cual ha sido sometido el pueblo estadounidense desde Hollywood -con sus rambos, boinas verdes, schwarzenaggers y comandos criptofascistas, convenientemente heroificados en el celuloide-, es todo un clamor. Vemos ya sus efectos: ahora, ese mismo lugareño imbécil grita que no quiere allí reyes, cuando él mismo y muchos de sus compatriotas han encumbrado a éste y a otros presidentes anteriores para permitirles sembrar de muerte y desolación el mundo: Japón, con dos bombas termonucleares que acabaron con 180.000 vidas humanas en apenas unas horas; Vietnam, con un millón de muertos; Yugoslavia, Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, Angola, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen, Palestina… el de Irán figura ya en la lista de los pueblos aniquilables, intervenidos por Estados Unidos o su aliado Israel.

Un Ormuz funcional

Acabar con esta pesadilla exige reflexión, serenidad y determinación. La baza con la que Irán cuenta para realzar su importancia geopolítica es el Estrecho de Ormuz. Por cierto, los buques españoles, pueden transitarlo, por ser “España un país no hostil”, según Teherán. Merced a su tránsito, el suministro petrolero -hoy estrangulado tras la agresión de Israel-, funciona China. Donald Trump, pese a decir que desea acabarla, cree que si mantiene esa guerra y ese cierre del Estrecho controlado por Irán, aunque destroce las economías de sus aliados europeos, japoneses y surcoreanos, consigue amenazar y detener el avance geoestratégico de China; y parece hacerlo a la espera de horadar el poderío que la prudente y laboriosa planificación política, económica y tecnológica china le ha procurado.

La obsesión norteamericana y británica contra Eurasia, la tríada China-Rusia-Europa Occidental continental, sigue obsesionando a quienes mandan en Washington y aplauden desde Londres, que utilizan esta guerra de Israel como ariete venenoso contra Pekín, mientras intentan enfrentarlo simultáneamente con Moscú y con Bruselas. Desconocen aquel adagio oriental, que dice: “Si el fuego cerca al dragón dormido, será el dragón despierto quien suelte el fuego por su boca”.

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