Pedro Sánchez, Vito Quiles y Sarah Santaolalla son dignos representantes de sus peores escuelas. Nada es común en ellos, tienen sus singularidades, pero un mismo halo nefasto les une.
Si quieres ser un presidente de verdad, no mires al hedonarcisista Sánchez; un buen periodista, espante ya a Vito de tu vera, y si quieres defender el feminismo, mejor no llamarse Sarah Santaolalla.
Sánchez dejará cátedra como el peor, más amoral y dañino presidente de la democracia que se recuerde en España. Hizo pucherazo hasta en las primeras que lo convirtieron en jefe de los socialistas.
Gobierna sin presupuestos ni respaldo parlamentario, no puede hacer leyes, lo vocean en la calle y toda su sombra apesta a una corrupción sin precedentes.
Y lo que es peor, Trump lo odia, no porque Sánchez sea un fervoroso adalid del No a la guerra: carece de valores, convicciones y solo se quiere así mismo.
Con sus embustes y modos ideológicos, se le recordará por ser el presidente que más impuestos ha creado en España y más polarización social despertó.

Y, ojalá me equivoque, también le puede recordar la historia a Sánchez por ser el tipo que arruinó las comarcas de Rota y Morón si, como ya empieza a oírse, Trump desmantela las bases militares hispanoamericanas de ambas poblaciones gaditanas y las instala en Marruecos, que ya es el gran aliado de EE UU en el norte de África. Ya no es España.
Menos mal que Trump, cada vez que habla de España, distingue a los españoles del dirigente. Empieza a ser rara la rueda de prensa (ayer lo hizo otra vez) en la que Trump no arremete contra él por vetarle las bases de Rota y Morón en tiempos de guerra.
¿Tiene legitimidad moral Sánchez para decidir asuntos serios en nombre de los españoles? No
A Sánchez, lo tenían como el más tonto de la pandilla de cachorros socialista que soñaban con alcanzar moqueta y coches oficiales.
Con los miles de euros del puterío con el se forró su suegro Sabiniano, se costeó las primarias del PSOE, tras el feísimo asunto en Ferraz de la urna escondida tras la cortina. Es un chanchullero electoral. Qué le pregunten a Koldo.
Se tiró a la piscina de la presidencia con Koldo y Cía. a ver si le caía la breva, y le cayó.
El hombre que se presentaba a presidente mediante una moción de censura como el decente frente al indecente Rajoy y que nunca ha ganado unas elecciones, nunca, se considera ahora legitimado, pese a que ni puede poner los pies en la calle, para desamparar a los españoles ante un eventual ataque de Marruecos por Ceuta y Melilla. ¿A quién ayudaría Trump?
Trump no lo puede ni ver.
Los otros presidentes democráticos españoles convocaban elecciones en cuanto enfrentaban un déficit parlamentario, no se les veía obsesivos del poder; Aznar limitó su presidencia a dos mandatos, Felipe, tras 14 años en el cargo, llegó a decir que necesitaba apartarse de la responsabilidad, con Suárez había elecciones cada dos por tres, a Rajoy tampoco se le notó excesivo apego al poder… A Sánchez lo que le gusta es el Falcon.
Sánchez vive por y para el poder. Y, como dijo ayer Feijóo, “no vino a limpiar nada, vino a ensuciarlo todo”. Los jueces dicen que hay una banda criminal en el PSOE.
A él da igual que los españoles, una amplia mayoría, lo detesten. Le da igual todo y miente y miente con el molde del mismo falso doctorado que le regalaron.
Es un demagogo, como su defendida la tertuliana de TelePedro Sara Santaolalla. Una mujer puesta ahí por su novio periodista y el PSOE para liderar las formas en que el feminismo más desnortado arrasa con todo aquel que recibe una simple denuncia de género. Hubiera o no pruebas.
Santaolalla e Irene Montero eran líderes en azuzar contra hombres por el mero hecho de existir una denuncia y llevarlos al ostracismo o a la cárcel. Basta solo con la denuncia, y ninguna es falsa, ojo, proclamaban.
Quizás esperaba Sara que su denuncia falsa por agresión contra Vito, por ser ella quien era, llevarían al showperiodista a la cárcel una vez le inoculase ella el veneno ultrafeminista. No le ha funcionado. Precisamente a ella. Su denuncia es falsa. Es mentira que Vito le agrediese.
La juez y el forense la han bajado del burro. Se inventó la agresión que toda España ha visto que, ciertamente, pese a los aullidos de Sara, era mentira. ¡Cuántas otras ha jaleado ella siendo también falsas!
Una cosa es el circo de Vito y otra su proceder profesional. Si no quieren hablar contigo, te vas y punto. Describes tus preguntas y dices que fulanito de tal no ha querido responder. Lo otro, correr entres gorilas/escoltas o buscar la casa de alguien para que por fuerza te responda, no es periodismo, es circo. Es otra cosa, Vito. Deberías volver a la universidad.
Y cuando un buen periodista, este sí lo es, Antonio Naranjo, le dice a Santaolalla eso de que su denuncia es falsa, esta se pone a llorar y se va del plató y hasta del programa.
No pierde nada Nacho Abad, otro buen periodista, curtido, con la marcha de Santaolalla. Es una lianta desclasada, que parlotea y parlotea sin juicio ni rumbo, alocadamente, de pañuelo fácil y con una finalidad, defender sin argumentos lo indefendible del PSOE.
Y otro personaje que pulula en este folletín es el showperiodista Vito Quiles.
Ignoro si Vito, él dice que sí, ha estudiado periodismo, en cuyo caso no creo que le dijeran sus profesores que la labor de un periodista es forzar y acosar a los políticos (por cierto, siempre del mismo entorno ideológico) hasta que respondan a sus preguntas.
El proceder de Vito, si bien en un momento dado y ante la opacidad y mentiras de los actuales gobernantes pudo reportar alguna información de interés, su actual comportamiento circense, saltándose los turnos de otros compañeros o insultándose con los entrevistados, empieza a perder aquel atractivo inicial para tornarse en repelente y nada profesional.
Cuando este Gobierno cese, sus ogros desaparezcan y la chispa se esfume, Vito se esfumará con ella. Su escuela es caduca. Como la de Sánchez y Santaolalla, que también se evaporará tras el vapor de Sánchez. Con ellos se irán los peores representantes de las peores escuelas.