El mercado de la vivienda de segunda mano en España no da tregua. En febrero, el precio medio alcanzó los 2.215 euros por metro cuadrado, lo que supone un incremento del 7,9% respecto al mismo mes del año anterior. Mientras los sueldos siguen estancados, cada vez resulta más difícil para una familia joven o un trabajador con ingresos medios acceder a una vivienda propia.
El repunte se siente en toda España, aunque con diferencias notables: Islas Baleares (4.901 €/m²), Madrid (4.072 €/m²), Guipúzcoa (4.024 €/m²), Málaga (3.896 €/m²) y Barcelona (3.654 €/m²) concentran los precios más altos, impulsados por la escasez de oferta, la fuerte demanda y la presión turística. En el extremo contrario, provincias del interior como Ciudad Real (1.175 €/m²), Palencia (1.216 €/m²), Ourense, León y Jaén todavía permiten comprar a precios relativamente asequibles, aunque la brecha con los grandes núcleos urbanos no deja de crecer.
Este auge responde, en parte, al efecto “refugio” que buscan los inversores ante la incertidumbre internacional y la volatilidad económica, pero detrás de las cifras hay consecuencias sociales: los jóvenes retrasan su emancipación, muchas familias renuncian a ampliar su vivienda y barrios enteros se encarecen hasta convertirse en inaccesibles.
La subida de precios deja claro que la vivienda ha dejado de ser un derecho y se ha convertido en un activo financiero. El país necesita medidas urgentes que prioricen el acceso real a la vivienda: aprovechar edificios vacíos, regular la presión del turismo en centros urbanos, impulsar vivienda social y revisar incentivos fiscales que fomentan la especulación.
Mientras tanto, el mercado sigue su curso imparable, y para muchos ciudadanos comprar casa deja de ser una meta alcanzable y pasa a ser un lujo cada vez más caro.