La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, y que ya se está extendiendo a otras zonas de Oriente Medio, podría terminar afectando directamente al bolsillo de los ciudadanos españoles. Más allá del encarecimiento de la gasolina, algunos expertos advierten de consecuencias económicas más profundas si el conflicto se prolonga. “Nos puede hacer más pobres si esto se alarga en el tiempo en los próximos años”, alerta el analista económico Alfredo Barandiarán.
Uno de los principales riesgos sería un nuevo aumento de la inflación, lo que se traduciría en precios más altos y en una pérdida de poder adquisitivo. “Si los precios aumentan y nosotros tenemos los mismos ahorros, podremos hacer menos con ese dinero”, explica el experto. Desde la Funcas ya se empieza a hablar de un posible repunte que podría situar la inflación por encima del 3% durante el verano.
El conflicto también puede tener consecuencias en el sistema financiero. Los bancos utilizan instrumentos financieros como el llamado Interest Rate Swap (IRS) para protegerse frente a posibles cambios en los tipos de interés. Según Barandiarán, “si el banco piensa que los tipos de interés van a estar más altos, lo que hace es poner a los clientes tipos de interés más altos en préstamos, tarjetas, hipotecas y en todo lo relacionado con el sector financiero”.
El analista señala que el IRS venía bajando tras una fuerte escalada en los últimos años, pero la guerra ha provocado un cambio de tendencia. Desde el 2 de marzo, primer día laborable tras el inicio del conflicto, el indicador ha pasado del 2,303 al 2,499 el 6 de marzo. “Está subiendo el petróleo, también la energía, y eso, si la guerra que acaba de empezar no acaba pronto, nos podría llevar a precios más altos y tipos de interés más altos”, advierte.
En los últimos años, la inflación ya ha erosionado el valor del dinero. Desde 2021, la inflación media acumulada anual ha sido del 4,10%, lo que implica que quienes no han logrado al menos esa rentabilidad con sus ahorros han perdido poder adquisitivo. “Esto significa que si todos los años no hemos hecho un mínimo de un 4,10% con nuestros ahorros, estamos perdiendo dinero”, afirma Barandiarán, quien advierte de que “con el comienzo de una nueva guerra, la inflación se puede volver a disparar”.
Para ilustrar el impacto, el experto pone el ejemplo de una persona con 100.000 euros en una cuenta que ofrece un 2% anual durante 30 años. Aunque el capital crecería hasta 161.948 euros, con una inflación del 4,10% el valor real sería de solo 48.513 euros. “Estaríamos perdiendo por la inflación más de 51.000 euros”, explica. Por eso insiste en la importancia de diversificar: “Tenemos que combinar productos de ahorro con inversión. Bonos, renta fija, oro o renta variable pueden ayudar a batir la inflación; si dejamos el dinero solo en una cuenta de ahorro, siempre vamos a perder”.