Felipe González, Delcy Rodríguez, Juan Carlos I y el «error griego»

1 de marzo de 2026
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Felipe González y Felipe VI I EP

El expresidente construyó un alegato sobre Venezuela a partir de la figura del primer presidente del Tribunal Constitucional, Manuel García-Pelayo, y arrancó aplausos en el Senado, cómo no, al criticar que el Gobierno de Pedro Sánchez ha propuesto a la Unión Europea levantar las sanciones en vigor contra dicho país a raíz de la amnistía de presos políticos

Fueron casi quince minutos. Felipe González empleó estos casi quince minutos para cerrar el acto organizado en el Antiguo Salón de Sesiones del Senado para presentar, en presencia del rey Felipe y altas autoridades del Estado – como el presidente del Tribunal Constitucional (TC), Cándido Conde-Pumpido, políticos como Alberto Nuñez Feijóo, el expresidente Mariano Rajoy, entre otros- donde se recogen tres dictámenes de Manuel García-Pelayo, quien abandonó en 1980 su residencia en Venezuela para regresar a España a fin de cumplir su mandato y regresar luego a su segunda patria, en 1986, Caracas, donde falleció en 1991.

En un discurso, el expresidente, que es prologuista del libro, ofreció más bien una charla pedagógica siempre con la mirada, el énfasis y las alusiones dirigidas a Felipe VI. 

Habló, pues, al hijo de Juan Carlos I, sobre su padre, autodesterrado no sin la aquiesencia de la Casa de Su Majestad el Rey, en Emiratos Árabes Unidos (EAU) d2020, sobre su conducta “decisiva” ante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Yo creo que está todo dicho, Señor” empezó González para refutar, exactamente, que “todo ha sido dicho” por los oradores que le precedieron en la tribuna.

Comenzó por Ucrania para dejar constancia de que han pasado cuatro años desde la invasión ordenada por el “sátrapa Putin”, pero su propósito era borda en torno a la figura del jurídico militar republicano que fue García-Pelayo un ataque al gobierno de Pedro Sánchez, lo incluso arrancó aplausos de una concurrencia entregada -es la Cámara que el Partido Popular utiliza, con su mayoría absoluta, como arma de desgastevdel Gobierno a través de la comisión inquisitorial Koldo-, aplausos que él mismo intentó apagar, habida cuenta de que inplicaba politizar un acto con presencia del monarca.

Hay algunos que piden que se levanten las sanciones a Delcy [Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela tras el ataque de la Armada y la aviación norteamericana jy el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa] como si hubiera hecho algún mérito hasta el momento salvo obedecer algo a Marco Rubio [secretario de Estado del gobierno de Donald Trump]” (aplausos) Por tanto (aplausos) por favor, tendríamos que situarnos, que situarnos”.

Cómo “situar”, para utilizar el término felipista, un ataque al Gobierno en un acto institucional con presencia del rey de España?

Se trata de una obsesión. Y punto.

Pero el gobierno de Sánchez no ha sido su dardo exclusivo. Al evocar la figura de García-Pelayo señaló: “Tuvimos una enorme fortuna. Tenía un gran entrenamiento, el de haber asesorado a todos los gobiernos democráticos después de la dictadura venezolana [de Marcos Pérez Jiménez 1952-1958, cuyo fin puso una insurrección popular]. A todos. Y de tener un magnífico diagnóstico de la situación en Venezuela. Ojalá hoy lo tuviéramos igual”. 

¿Dardo para Cándido Conde-Pumpido, presidente del Tribunal Constitucional que escuchaba el discurso junto al rey Felipe?

González ha puesto a Venezuela como espejo ante la España actual. A buen entendedor, pocas palabras.

El diagnóstico de García Pelayo era, según González, que “Venezuela no es una democracia fuerte, es una partitocracia fuerte con instituciones débiles. Y si algunos de los partidos que hacen esa imagen, que dan esa imagen de fortaleza de la democracia venezolana falla arrastrará al otro partido y sin instituciones podemos entrar en un periodo de inestabilidad. Eso lo decía poco antes de morir, y poco antes del intento de [Hugo] Chavez de asaltar [golpe fallido el Palacio del Gobierno del 4 de febrero de 1992]. Dicho sea de paso, yo advertí al [presidente[ Carlos Andrés Pérez [lo] que era una osadía, porque [él] había pasado por todos los cargos, de que le iban a dar un golpe de Estado, y me dijo que no, que eso era absolutamente imposible. Y algún día no sé si me dará tiempo, contaré por qué. Por tanto, yo conocía mucho a Manuel García-Pelayo y le pedí a Su Majestad el Rey Juan Carlos que hablara con el” [antes de que el presidente Adolfo Suárez le propusiera para incorporarse al Tribunal Constitucional]

González no suele dar puntada sin hilo. Da la impresión de que ha trasladado lo que él llamado “el diagnóstico de García Pelayo” a la España actual. Y por ello está pidiendo a Sánchez que se vaya -como Aznar se lo exigió a él en los años noventa del siglo pasado- o convoque elecciones “porque España no funciona”.

“El error griego”

Aunque no mencionó al Gobierno, cuyo acuerdo para desclasificar una parte de los documentos sobre el intento de golpe de estado de 223-F se ponía en práctica este mismo miércoles 24 de febrero de 2026, dìa del acto en el Senado, señaló González que era una anomalía no desclasficiar todo lo que tiene que ver con esos hechos.

“Por tanto, esa anomalía la tenemos que superar de verdad. No decir: vamos a desclasificar de una manera más o menos arbitraria a, b o c. A mi me gustaría que se conociera todo el proceso del 23-F . Sobre todo para comprender el papel, comprender de verdad, el papel del rey Juan Carlos”.

Pero la desclasificación limitada del material documental, que el PP ha atacado – un conejo que se ha sacado Pedro Sánchez de la chistera- y sobre la cual ahora llama al “regreso” de Juan Carlos a España, no ha caido del cielo. Es iniciativa del Gobierno.

González no puede ni siquiera en este asunto farfullar que aunque es un acto limitado le parece bien, algo es algo.

A Sánchez, pues, ni agua.

Porque, aun con su limitación, según lo desclasificado, el papel de Juan Carlos I, ha animado a González a destacar el papel no solo “ejemplar” sino “decisivo” en su charla sobre el ahora rey honorífico autodesterrado por expreso deseo de la Zarzuela para que sus tropelías financieras y aventuras extramatrimoniales no se hagan sempiternas y contaminen a la monarquía.

González pues aprovechó los primeros documentos publicados en los merdios para realzar ante su propio hijo a Juan Carlos I.

Por tanto, lo lógico es hacer justicia a los comportamientos de los seres humanos, incluso cuando son reyes Y en el 23-F la actuación de Juan Carlos I fue absolutamente, no digo que fue ejemplar, fue algo más, decisiva”

Y remachó: “Lo que sí quiero decir es que la Corona en España es la institución más refrendada por la inmensa mayoría de los españoles de la historia de todas las monarquías europeas en varias instancias. Por tanto, tiene una legitimación que merece la pena recordar. Y es verdad que en algún momento histórico, empezamos recordando ahora como el 23 F, se vuelve en clave. ¿Por qué tardó tantas horas [en reaccionar ante el intento de golpe de Estado? Voy a decirle algo que nadie se va a atrever a decirle”, señaló, mirando a su tocayo el rey Felipe.

“¿No sería una estupidez imperdonable que no supiera como estaban todas las guarniciones militares para hablar con todos y tratar de controlar ese movimiento de contagio?”, se preguntó el orador e hizo una pausa. 

“En ningún pasó por la cabeza del rey Juan Carlos, en ningún momento, digamos, que cometer el error griego. Eso no pasó por su cabeza” precisó González con su rostro inclinado hacia el rey. 

“Por tanto, señor, tengo siete minutos, ya los voy rebasando como es natural, hablo poco del esfuerzo de Eloy [García, editor del libro] pero le doy una traducción que va a llamar la atención de la gente y a lo mejor te compran más el libro (risas) que tampoco estaría mal y nos enteramos de cosas de un gran interés, enorme interés, con una muy buena investigación, de cómo era García-Pelayo y, entre otras cosas, de cómo se comportó el rey el 23-F. Muchas gracias. Gracias señor”

La referencia al error griego tiene interés. 

González quiere decir que el matrimonio de Juan Carlos I y Sofía de Grecia le había enseñado algo importante.

Los pocos años en el trono de Constantino II, hermano de la reina Sofía y cuñado de Juan Carlos, se caracterizaron por su enfrentamiento con el primer ministro griego George Papandreou, como ya había ocurrido con otros reyes y otros políticos griegos.

En 1967, los coroneles griegos protagonizaron un nuevo golpe de Estado

Aunque al principio se lo acusó de apoyar este levantamiento, Constantino II intentó después un golpe contra el golpe y falló. 

La monarquía griega debió partir otra vez al exilio, esta vez, para nunca más volver.

En 1974, un plebiscito arrojó que casi el 70% de los griegos no quería saber nada con la corona, en lo que se conoce como “el único referendo genuinamente libre sobre la monarquía en Grecia”.

Las propiedades reales fueron confiscadas y en 1994 Constantino II incluso perdió su pasaporte griego, porque se negaba a adoptar el apellido Glücksburg, lugar de origen de la casa danesa de la cual descendía.

Tras pasar varias décadas en el exilio, en Reino Unido, en 2013 se mudó a Grecia como un ciudadano más, razón por la que que su último adiós no sería un funeral de Estado.

Hay que añadir a la referencia de González, que Constantino -es un hecho probado- habló por teléfono varias veces el 23-F con Juan Carlos I y le transmitió su propia experiencia.

González, según se ha señalado, hizo un elogio de la monarquía.

“Lo que sí quiero decir es que la Corona en España es la institución más refrendada por la inmensa mayoría de los españoles de la historia de todas las monarquías europeas en varias instancias. Por tanto, tiene una legitimación que merece la pena recordar”.

La definición de la monarquía como la institución “más refrendada” es hábil.

¿Pero que quiere decir?

Refrendar es autorizar, ratificar, respaldad. 

En realidad, González lo dice: “Tiene una legitimación que merece la pena recordar”.

Utilizar el verbo refrendar es un truco para hacer pasar algo que no es: en Españalos políticos decidieron no someter a referéndum la forma gubernamental de la monarquía, como ocurrió en Grecia, por ejemplo, en 1974. 

Al refrendar la Constitución los españoles refrendaron todo lo que ella contenía. El artículo 1 punto 3 dice: . “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”.

Pero la clase politica -el gobierno de Adolfo Suárez resolvió conscientemente no someter este punto 3 a un referéndum (es decir específicamente sobre la forma de gobierno) por temor a que los ciudadanos, dado que la legitimidad de la monarquía adolecía de un pecado de origen -Franco- la rechazaran a favor de otra, por ejemplo, la república.

Por tanto, el argumento de que la monarquía es la “más refrendada” es vender gato por liebre.

En realidad, Juan Carlos I y la clase política, que eludieron convocar un referéndum sobre la forma gubernamental de la monarquía en 1978, consiguieron tres años después, con los sucesos del intento de golpe de Estado, sustituir el deficit democrático del referéndum que no se convocó, con el relato sobre el papel del monarca en el 23-F y su enfrentamiento con los golpistas.

Pero veamos la frase más enigmática de lo que se ha desclasificado este miércoles pasado.

Juan Carlos graba su celebre discurso en la medianoche del 23-F vestido con el uniforme de Capitán General del Ejército, y se emite a la una y doce minutos de la madrugada. 

“La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum”, dijo ante la pantalla.

A la una y veinte de la madrugada, el monarca mantiene una conversación con Milans del Bosch. 

Es como mínimo la segunda conversación que han tenido ambos durante la jornada golpista, la primera sobre las 19 horas, habida cuenta de que el monárquico Milans ha ordenado a la unidad de tanques patrullar Valencia.

Después de este mensaje, ya no puedo volverme atrás”, dice Juan Carlos a Milans. 

Y le advierte:“ Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra El Rey”. Ordena la retirada de todas las unidades desplegadas en Valencia y lanza una acusación: “ Quien se subleve, está dispuesto a provocar, y será responsable de ello, una nueva guerra civil”

El teniente general, después de esta advertencia, llama a Juan Carlos a las dos menos cuatro.

Bosch le transmite que cumplirá con las órdenes pero que “Tejero ya no le obedece”. 

La Junta de Jefes del Estado Mayor recibe esta información a través de Secretario General. A las cuatro de la madrugada, el rey llama de nuevo a Milans del Bosch. 

No hay avances y el rey le insiste en que “esto tiene que acabar de una vez”. Le pide que mande un comunicado para que los militares abandonen las calles, pero antes, el militar insurrecto vuelve a apelar a la solución “Armada”.

A las cinco y diez de la madrugada, llega la orden de deponer las armas de Milans del Bosch: “Quede sin efecto lo dispuesto en el manifiesto publicado con fecha de ayer 23 de febrero”.

La pregunta es: ¿qué quiere decir Juan Carlos con “después de este mensaje ya no puedo volverme atrás”? ¿Qué quiere decir Juan Carlos con “cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey”?

¿Es que antes del 23-F, durante los preparativos de la asonada -material que no ha sido desclasificado-, el golpe de Estado se escudaba en el Rey, era un golpe con el Rey?

Ninguna conclusión definitiva puede emerger de esta desclasificacion limitada excepto una: Juan Carlos estaba al corriente de las conspiraciones golpistas.

Y decidió, en medio de las “trampas y engaños” de la conspiración golpista Felipe González dixit, rentabilizar el fracaso de la intentona para superar el pecado de origen del mandato monárquico, a saber, su emanación del dictador Franco, y la ausencia del referéndum sobre la forma de gobierno.










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