La salida de Børge Brende al frente del Foro Económico Mundial marca el cierre de una etapa que ha durado más de ocho años. El dirigente noruego anunció su dimisión en un comunicado en el que habló de “reflexión” y de la necesidad de evitar distracciones para la institución. No mencionó de forma directa a Jeffrey Epstein, pero su renuncia llega semanas después de que el organismo impulsara una revisión independiente sobre los contactos que ambos mantuvieron en el pasado.
El detonante fue la publicación de información por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Los datos detallaban encuentros y comunicaciones entre Brende y el financiero estadounidense, fallecido en 2019 y vinculado a una extensa red de abusos sexuales y tráfico de menores. Según esa documentación, Brende mantuvo varias cenas de carácter profesional con Epstein y también intercambió correos electrónicos y mensajes de texto.
Brende, que asumió la presidencia del Foro en 2017, defendió en su despedida el trabajo realizado durante su mandato. Agradeció la colaboración de equipos y socios y subrayó que la organización debe continuar su labor sin que su figura condicione el debate público. En un contexto internacional cada vez más polarizado, la reputación se ha convertido en un activo frágil. Y el Foro, símbolo del diálogo entre líderes políticos y empresariales en la cumbre anual de Davos, no escapa a esa presión.
La revisión externa encargada por el Foro ya ha concluido. Según comunicaron sus copresidentes, Andre Hoffmann y Larry Fink, el análisis no detectó elementos adicionales más allá de los ya conocidos. Sin embargo, la controversia pública pesó lo suficiente como para precipitar la dimisión. A veces, la percepción pública influye tanto como los hechos probados.
El caso vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de los vínculos institucionales con figuras que, con el tiempo, quedan asociadas a graves delitos. Aunque los encuentros descritos se presentaron como profesionales, la figura de Epstein genera una fuerte carga simbólica. Mantener la credibilidad exige, en ocasiones, decisiones difíciles.
Tras la renuncia, el Foro ha nombrado a Alois Zwinggi como presidente y consejero delegado interino. El Consejo de Administración supervisará el proceso para elegir a un sustituto permanente. La organización ha asegurado que sus actividades continuarán con normalidad durante esta etapa de transición.
La dimisión de Brende abre una nueva fase para una institución que reúne cada año a jefes de Estado, empresarios y representantes sociales. Más allá de los nombres propios, el episodio refleja la importancia de la transparencia y de la rendición de cuentas en organizaciones con influencia global.
El Foro Económico Mundial afronta ahora el reto de reforzar su imagen y consolidar su liderazgo en un entorno internacional complejo. La transición no solo implica un relevo en la dirección, sino también una oportunidad para redefinir prioridades y fortalecer la confianza en su gobernanza.