La historia, relatada en el libro de memorias del periodista Jesús Frías, arranca en los meses posteriores al golpe. La causa estaba bajo secreto absoluto y ni siquiera los abogados tenían una visión global del sumario. En ese clima de silencio, el redactor de Tribunales José Yoldi logró tejer una red de fuentes en la recién creada Audiencia Nacional.
La exclusiva más delicada llegó en Semana Santa de 1981: una nueva declaración de Tejero en la que apuntaba que actuaba “cumpliendo órdenes del Rey”. La agencia manejó la información con pinzas, mencionándola de forma velada en un boletín interno para evitar un delito.
No sirvió de mucho. Un sábado por la mañana, agentes de policía se presentaron en la redacción para requisar los documentos secretos.
Mientras los agentes registraban la sede, el consejero delegado de la agencia pidió hablar con Yoldi. Lo llevó a su despacho, abrió una caja fuerte y le entregó la declaración de Tejero con una orden clara: esconderla.
El periodista salió con el documento bajo el anorak y lo guardó en el maletero de su coche, un Seat 127 aparcado a pocos metros. La exclusiva sobrevivió gracias a esa improvisación.
Pero la historia no acabó ahí. Semanas después, Europa Press consiguió algo aún más extraordinario: el sumario completo. Yoldi obtuvo una copia gracias a un abogado cercano al entorno de la defensa. El problema era logístico: miles de páginas que había que fotocopiar a escondidas.
El coste inicial, unas 40.000 pesetas, salió del bolsillo de los redactores. Durante una semana, el periodista trasladó los tomos en la cesta de una Vespino, entrando y saliendo de despachos de abogados. En una curva, sufrió una caída y los folios salieron volando por la calle. Tuvo que recoger uno a uno los papeles del caso más sensible de la democracia española.
Mientras se copiaba el sumario, un pequeño equipo de redactores lo analizaba en el despacho del director. Las primeras informaciones incluyeron las declaraciones de los principales implicados en el golpe. Durante días, Europa Press fue el único medio con acceso a esa documentación.
La reacción no tardó: autoridades militares y abogados iniciaron una investigación interna para descubrir quién había filtrado el texto. En la redacción corrían rumores de un inminente registro policial, así que activaron un nuevo plan: sacar los documentos por la escalera de servicio y esconderlos en un coche dentro del garaje.
Décadas después, la historia de aquel sumario escondido en coches, cajas fuertes y anoraks sigue siendo uno de los relatos más potentes del periodismo español: una exclusiva nacida en la frontera entre el deber de informar y el miedo real a que llamaran a la puerta.