Internet ha facilitado que cualquier persona encuentre una comunidad afín, incluso cuando se trata de subculturas minoritarias o llamativas. Una de las que más atención ha generado recientemente es la de los therian, un movimiento que reúne a personas que se identifican con animales y que en los últimos días ha protagonizado concentraciones en ciudades como Málaga y Barcelona, donde algunos encuentros han terminado con incidentes y detenciones.
Aunque su origen se remonta a foros digitales de los años 90, el fenómeno ha resurgido con fuerza gracias a TikTok. El término procede de therianthropy, combinación de las palabras griegas therion (bestia) y anthropos (humano), que alude a la idea mitológica de transformarse en animal. En este contexto, los participantes afirman sentir que su “yo verdadero” está vinculado a una especie concreta.
El movimiento comparte raíces con los otherkin, personas que se identifican con criaturas mitológicas. En sus inicios, estos colectivos intercambiaban experiencias en espacios digitales considerados seguros. Sin embargo, la viralidad en redes sociales ha sacado estas prácticas del anonimato, exponiéndolas a una audiencia masiva y a una intensa atención mediática.
Muchos de sus integrantes, en su mayoría jóvenes, se reúnen físicamente para actuar en grupo, formando lo que denominan una “manada”. Durante estos encuentros caminan a cuatro patas, gruñen o utilizan máscaras de animales como parte de su expresión identitaria. En la mayoría de los casos, aseguran que sus actividades no buscan molestar, sino compartir su vivencia con personas afines.
La difusión de vídeos en redes ha multiplicado su alcance, con millones de visualizaciones. No obstante, la exposición también ha traído una ola de críticas y burlas. Comentarios despectivos y cuestionamientos sobre su salud mental son habituales en las publicaciones relacionadas con el fenómeno.
Así, los therians se han convertido en uno de los ejemplos más visibles de cómo las subculturas digitales pueden pasar del anonimato a la viralidad en poco tiempo, generando tanto espacios de pertenencia como controversia social.