Carlos Alcaraz volvió a demostrar en Doha que su ambición no entiende de cansancio ni de presión. El murciano firmó una victoria trabajada ante Karen Khachanov por 6-7(3), 6-4 y 6-3 en un duelo que exigió carácter, paciencia y, sobre todo, resistencia mental. No fue un paseo. Fue una batalla de esas que marcan torneos.
El ATP 500 de la capital catarí está dejando partidos de alto voltaje, y este no fue la excepción. El español, que llegaba reforzado tras su reciente éxito en el Abierto de Australia, tuvo que remar contra corriente para seguir avanzando. Cedió el primer set en el ‘tie-break’ tras una manga muy igualada, donde ambos jugadores defendieron su servicio con uñas y dientes.
Khachanov, decidido a cambiar una estadística claramente desfavorable en sus enfrentamientos previos, salió con determinación. Presionó desde el fondo, arriesgó con el saque y aprovechó cada pequeño resquicio. Alcaraz incluso vivió un momento de tensión con la juez de silla tras recibir un aviso por tiempo al sacar. Pero si algo define al número uno es su capacidad para resetear.
Y lo hizo.
El punto de inflexión llegó en el segundo set. Con el partido todavía en el aire, Alcaraz elevó la intensidad. Comenzó a dominar los intercambios largos, obligando al ruso a desplazarse más y a asumir riesgos. En el quinto juego, la presión surtió efecto: Khachanov cometió varios errores no forzados y el español tomó ventaja.
Ahí cambió la narrativa. La energía empezó a inclinarse claramente hacia el lado del murciano. Mientras el ruso acusaba el desgaste físico, Alcaraz parecía crecer. Su derecha volvió a ser un martillo y su movilidad, una constante pesadilla para su rival. Forzó el tercer set con autoridad y, ya en el definitivo, impuso su ritmo sin titubeos.
El ‘break’ en el quinto juego fue un golpe casi definitivo. A partir de ahí, el español jugó con inteligencia, mezclando alturas, velocidades y direcciones. Cuando consiguió un segundo quiebre en el tramo final, el partido quedó sentenciado. Fue una demostración de madurez competitiva y de esa mezcla de talento y gasolina que le está convirtiendo en una referencia absoluta del circuito.
La recompensa será un duelo de alto calibre ante Andrey Rublev, vigente campeón del torneo, que llega tras superar a Stefanos Tsitsipas. Será un enfrentamiento intenso, con potencia desde el fondo y ritmo alto.
Alcaraz, sin embargo, transmite algo especial en Doha. No solo gana. Convince. Sufre cuando toca sufrir y acelera cuando el partido lo exige. Esa combinación de hambre y serenidad es la que le ha colocado ya entre los cuatro mejores del torneo.