Casi todos los pensamientos a los que hoy damos presencia están en los socráticos o presocráticos, es decir, en los sabios del ayer lejano. El “ser o no ser” de Shakespeare en Hamlet, nace en Parménides y más tarde el impresionante dramaturgo lo emplea para que meditemos si merece la pena vivir atribulado o quitarse la vida. De todas formas, ya el tiempo se ocupa de eso.
Hoy reflexiono sobre el “ver o no ver”. O ver la luz a cuadritos para que los ojos no sufran el desengaño de lo que se ve. O que nadie pueda envidiar la belleza que casi siempre esconden los velos. Hablo del burka prohibido o el burka consentido que cubre los ropajes del gesto y los goces luminosos del deseo. Que esconde, también, decisiones políticas enredadas en el otro velo del firme desaliento.
Por más que he consultado en el libro sagrado del Corán o en otros afines, nada he descubierto del miedo que cualquier divinidad pueda tener a las miradas. La libertad sin luz es un empeño a ciegas, un turbio colador de agujeritos por los que se cuela la tristeza. Ninguna religión debe ocultar la hermosura, por muy grande que sea la tentación de poseerla.
Pedro Villarejo
Delicada forma de Pedrouve de dirigirse a los velos que solo esconden. En un mundo culturalmente civilizado no podemos compartir, ni aceptar, supuestas tradiciones que no son más que cadenas desiguales impuestas a un género concreto. La voluntad del Dios en el que cada uno creemos no puede desear que se oculte su obra.
Sean del color que sean, los fanatismos arrastran a los más débiles
a su no, existencia.
Todas las mujeres del mundo deberíamos luchar contra la esclavitud
de vivir de incógnito, Ellas no pueden, de lo único que son dueñas es de
la obediencia a » sus hombres laicos o religiosos»
Siglo veintiuno y no hemos sido capaces de terminar con la esclavitud.