El Real Madrid dio un paso firme en Lisboa. No fue un partido brillante. Tampoco sencillo. Pero sí serio, competitivo y maduro. El 0-1 en el estadio Da Luz deja la eliminatoria bien encarrilada para los blancos, que supieron sufrir y golpear en el momento justo.
El encuentro comenzó con ritmo alto. El Benfica intentó sorprender con presión y cambios de registro. Sin embargo, el conjunto madridista mantuvo la calma. Poco a poco, a través de posesiones largas y orden defensivo, fue neutralizando el entusiasmo local.
Hubo sustos. De hecho, el Benfica generó una ocasión clara con un disparo lejano que obligó a Thibaut Courtois a intervenir con una mano salvadora. Esa parada sostuvo al equipo en un tramo delicado. A partir de ahí, el Real Madrid ajustó líneas y empezó a crecer.
En ataque, las primeras combinaciones entre Kylian Mbappé y Vinícius Júnior avisaron del peligro. El equipo encontraba espacios, aunque faltaba precisión en el último toque. Antes del descanso, los blancos rozaron el gol en varias acciones rápidas, pero el guardameta Anatoli Trubin respondió con solvencia.
El descanso llegó con la sensación de que el Madrid había perdonado. No obstante, la segunda parte cambió el guion.
El gol llegó cuando más lo necesitaba el equipo. En una transición veloz, Mbappé filtró un pase hacia la izquierda. Allí apareció Vinícius, con espacio para perfilarse. Se metió hacia dentro y soltó un derechazo directo a la escuadra. Imparable. Un gol de máxima calidad que silenció Da Luz.
Sin embargo, la celebración quedó empañada por un episodio tenso. Tras el tanto, el brasileño denunció ante el árbitro un presunto insulto racista por parte de un jugador rival. El colegiado activó el protocolo correspondiente y el partido estuvo detenido varios minutos. Fueron instantes de incertidumbre, con Vinícius arropado por sus compañeros.
Después de la reanudación, el choque se volvió más trabado. El Benfica dio un paso adelante. Buscó el empate con centros y disparos lejanos. Aun así, el Real Madrid mantuvo la concentración defensiva. Fede Valverde y Eduardo Camavinga realizaron un trabajo silencioso pero fundamental para cerrar espacios.
En los minutos finales, la tensión aumentó. Incluso hubo protestas en el banquillo local y el ambiente se caldeó. No obstante, el marcador ya no se movió. El conjunto blanco supo gestionar el tramo decisivo con oficio.
En definitiva, fue una victoria corta pero valiosa. El Real Madrid no sentenció la eliminatoria, pero sí dio el primer golpe. Ahora, todo se decidirá en el Santiago Bernabéu, donde los blancos buscarán confirmar el pase a octavos con la ventaja obtenida en Lisboa.