El cáncer sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo. Sin embargo, un nuevo estudio internacional invita a mirar la realidad con una mezcla de preocupación y esperanza: casi la mitad de los fallecimientos registrados en 2022 podrían haberse evitado. No se trata de una estimación menor. Hablamos de millones de vidas que, con más prevención primaria, mejor detección temprana y acceso a tratamientos curativos, quizá no se habrían perdido.
La investigación ha sido realizada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud, y publicada en la revista The Lancet Global Health. Según sus cálculos, alrededor de 4,5 millones de muertes —el 48% del total— podrían haberse evitado si estos tres pilares hubieran actuado de forma conjunta y eficaz.
En el ámbito de la prevención, los expertos identifican cinco grandes factores de riesgo modificables: tabaco, alcohol, exceso de peso corporal, infecciones y exposición a radiación ultravioleta. Solo actuando sobre estos elementos se podrían haber evitado más de tres millones de muertes, aproximadamente un tercio del total mundial. El cáncer de pulmón encabeza la lista de fallecimientos prevenibles mediante cambios en los hábitos, seguido por el de hígado y el de estómago.
La otra parte del problema —y también de la solución— reside en el diagnóstico precoz y el acceso a tratamientos efectivos. El estudio estima que 1,4 millones de muertes podrían haberse evitado gracias a programas de detección temprana y terapias curativas adecuadas. En este grupo destacan el cáncer de mama, el colorrectal y el de próstata, donde la identificación a tiempo marca una diferencia decisiva.
Pero el informe también pone el foco en una realidad incómoda: la desigualdad entre países. Las tasas de mortalidad evitable son mucho mayores en naciones con ingresos bajos y medios, donde los sistemas sanitarios cuentan con menos recursos, menor cobertura preventiva y más barreras para acceder a tratamientos. El nivel de desarrollo humano influye de forma directa en las oportunidades de supervivencia.
Este dato refuerza la idea de que la lucha contra el cáncer no depende únicamente de avances científicos, sino también de políticas públicas sólidas y sostenidas en el tiempo. La planificación nacional para el control del cáncer, especialmente en países con menos recursos, es clave para reducir la brecha global.
El mensaje de fondo es claro: el cáncer no siempre es evitable, pero una parte significativa sí lo es. Apostar por campañas de salud pública, educación en hábitos saludables, cribados poblacionales y acceso equitativo a tratamientos puede salvar millones de vidas.