Probablemente esté equivocado al pensar que las ideologías cada vez sirven para menos. Definir es limitar: ardua tarea la de ponerle puertas al campo. A la postre, acotar es empobrecer, precisamente lo que sucede cuando alguien se declara comunista, ecologista, franquista, socialista… y demás ‘istas’ que incapacitan a la inteligencia para que pueda desbordarse en nuevas apreciaciones, en las extraordinarias aventuras del progreso. Por eso el cristianismo no se circunscribe a ninguna ideología ya que está abierto a la sorpresa de la Luz, que desde Dios está llegando siempre renovada.
En España las ideologías están llenas de matices inabordables que impiden un agrupamiento razonable y constructivo. Viendo los últimos fracasos electorales, los que comúnmente se llaman de izquierdas ven el peligro de que el barco se escore más a la derecha y buscan cómo fundir, en una misma brazada de incompetencias, a independentistas con filoetarras, a Puigdemont con Yolanda, a Pablo con Úrsula desparramada.
Lo único rescatable es que cada mañana aparecen todos como si fueran felices.
Pedro Villarejo