Ha costado una pasta al Estado el trajín judicial Errejón/Mouliáa. Meses de instrucción, funcionarios, agentes, abogados, peritos, fiscal, secretario, juez, seguridad, cámaras frente a los juzgados…
Una actriz y periodista, Elisa Mouliáa, divorciada, con hijos, salió a la palestra diciendo que Íñigo Errejón, varios años antes, durante una fiesta nocturna, había abusado de ella.
Empujada por una periodista a través de las redes, Mouliáa denunció y desató una tormenta política en España. Dijo que Errejón había abusado de ella durante una fiesta en un piso.
Mostró a un Errejón carnívoro sexual, que la empuja sobre la cama y se abre la bragueta sin que ella se la pida. Eso contó al juez. Las ultrafeministas no sabían que decir. Hubo quien pensó que era una trampa de Pablo Iglesias.
Creó indignación que Errejón, precisamente Errejón, ideólogo y adalid del ‘no hay denuncias falsas’, «salvo la mía», llegó a justificarse al verse acorralado, copara de pronto las primeras planas mediáticas.
Era Errejón, el sempiterno hombre de cara aniñada y gafas pijas, el intelecto de Podemos/Sumar, erigido en máximo propagandista férreo de los modos wook y los hates escraches para indisciplinados mentales.
Era el ex novio de Rita Maestre, la que se destetó en una iglesia de Madrid. El segundo líder moral de los morados. Había caído desplomado. Algunos miraron a Pablo Iglesias.
Hubo gente que se alegró de que Errejón bebiera de su propia medicina. Mucha gente. Perseguido por las cámaras, resultaba curioso verle enfrentado así mismo, a su propio discurso.
Las feministas se quedaron en shock. Animaron tímidamente a Mouliáa y si olían cerca a un Vito Quiles preguntando por Errejón o Monedero (al que Quilés decía que unas alumnas le tildaban de «baboso»), huían. Otro para la hoguera. Este con premio.
Y la mente de Mouliáa se transformó al son de tertulias monocolor que le azuzaban a denunciar. Ella lo tuvo claro desde el principio. Y en el juicio, se reafirmó. Pero no le han salido las cosas como ella vislumbró. Acabó la instrucción y el fiscal ha dicho que no ve delito alguno y que no debe haber juicio.
Si Errejón, el negacionista de las denuncias falsas salvo la mía, no llega a ser Errejón este asunto se habría archivado hace tiempo.
El juez lo mandó a juicio, cogido por los pelos, eso sí. Mensajes de Mouliáa con amigas revelaron modos torticeros, espacios negros y confusión. El fiscal se opuso al juicio.
Pero como Errejón mantenía que no hay denuncias falsas, pues a juicio y que lo demuestre allí… Por orden del juez, ese al que las feministas más radicales pusieron a parir por un interrogatorio a Mouliáa del que, por cierto, salieron los escasos indicios para llevar el tema a una vista oral.
Pero ella si quería juicio, hasta ahora. Justo cuando este se aproxima, ha renunciado a la denuncia. Alega motivos personales y de salud, que se ha visto sola y que no desea seguir con el asunto, aunque insiste en que todo lo que dijo es verdad.
Consciente de que de ese juicio muy posiblemente saldría una sentencia absolutoria, es muy posible que prefiera hacer como que es ella quien desiste de la denuncia (¡¡¡a estas alturas, y tras tanta tinta corrida y tanto gasto!!!) y eludir en lo posible una absolución, que Errejón podría utilizar contra ella por denuncia falsa.