La universidad española sigue demostrando que tiene voz propia en el panorama académico internacional. Aunque el contexto no es sencillo y la competencia europea es cada vez más exigente, cinco universidades españolas han logrado situarse entre las 100 mejores de Europa, un reconocimiento que refleja años de trabajo en docencia, investigación e internacionalización. El ranking vuelve a poner el foco en dos grandes polos del conocimiento: Barcelona y Madrid, auténticos motores del sistema universitario español.
La mejor posicionada este año es la Universidad de Barcelona, que alcanza el puesto 60 y se consolida como la institución española con mayor prestigio académico y proyección investigadora. Su trayectoria, su volumen de producción científica y su reputación internacional la sitúan como una referencia dentro y fuera de nuestras fronteras.
Muy cerca aparecen la Universidad Autónoma de Barcelona (68), la Universidad Autónoma de Madrid (71) y la Universidad Complutense de Madrid (78). Todas ellas destacan por su equilibrio entre investigación, calidad docente y empleabilidad, además de por su peso histórico en la formación de generaciones de profesionales.
Cierra este grupo de élite la Universitat Pompeu Fabra, que se sitúa en el puesto 99 y logra mantenerse entre las cien primeras gracias a su fuerte orientación internacional y su especialización en ciencias sociales, comunicación y economía.
No todas las noticias son positivas. La Universidad de Navarra, líder entre las privadas en ediciones anteriores, cae este año hasta el puesto 101, quedándose a las puertas del selecto grupo.
En total, 62 universidades españolas aparecen en la clasificación europea, lo que refleja una presencia amplia del sistema universitario nacional. Sin embargo, el balance general deja luces y sombras. De las universidades que ya figuraban en rankings anteriores, más de la mitad pierde posiciones, un retroceso que los expertos vinculan al estancamiento de la inversión en investigación y a la falta de financiación estructural.
Aun así, hay señales esperanzadoras. En el Top 200 mundial se sitúan 17 universidades españolas, con avances destacados como el de la Universidad de Granada o la Universitat Politècnica de València. Además, nuevas instituciones se incorporan al ranking, demostrando que el sistema sigue vivo y en evolución.
Donde España brilla con especial fuerza es en internacionalización y empleabilidad. La llegada de estudiantes extranjeros, los programas de intercambio y la buena valoración de los graduados por parte de las empresas sitúan a varias universidades españolas entre las mejores de Europa en estos indicadores.
El mensaje es claro: el talento existe, pero necesita más apoyo. Mantener, y mejorar, la posición de las universidades españolas en Europa pasa por invertir en investigación, atraer profesorado internacional y reforzar la conexión con la sociedad. Solo así la excelencia dejará de ser una excepción para convertirse en norma.