La vacunación infantil vuelve a demostrar su papel clave en la protección de la salud de los más pequeños. Un nuevo estudio científico confirma que las vacunas frente al neumococo no solo previenen infecciones, sino que también reducen de forma significativa los casos más graves causados por cepas resistentes a los antibióticos en bebés y niños pequeños. Un avance relevante en un contexto sanitario donde la resistencia bacteriana supone uno de los grandes retos actuales.
La investigación ha sido liderada por el Laboratorio de Referencia de Neumococos del Centro Nacional de Microbiología, perteneciente al Instituto de Salud Carlos III, y analiza más de una década de datos sobre la evolución del neumococo en población pediátrica. Sus conclusiones refuerzan la idea de que vacunar salva vidas y reduce la presión sobre los tratamientos antibióticos.
El estudio muestra que las vacunas conjugadas han logrado frenar la expansión de serotipos de neumococo especialmente agresivos y difíciles de tratar. Estas cepas son responsables de la llamada enfermedad neumocócica invasiva (ENI), que puede derivar en cuadros muy graves como meningitis, sepsis o neumonía.
Entre los años 2009 y 2023, los casos de ENI descendieron más de un 60 % en niños de entre 1 y 4 años, y cerca de un 50 % en menores de un año. Estos datos reflejan el impacto real de la vacunación sistemática en la infancia y su capacidad para proteger a los más vulnerables frente a infecciones potencialmente mortales.
El equipo investigador, liderado por la doctora Miriam Domenech y el doctor José Yuste, subraya que la vacunación ha sido clave para contener los serotipos más resistentes a los antibióticos. Aun así, advierten de un fenómeno que exige atención: el aumento de serotipos no incluidos en las vacunas actuales, algunos de ellos también asociados a resistencias.
Uno de los serotipos que más preocupa es el 24F, responsable de un número creciente de infecciones y que no está cubierto por ninguna de las vacunas disponibles en la actualidad. El estudio también analiza el impacto de la pandemia de la COVID-19, que provocó un descenso temporal de los casos debido a las restricciones sociales, seguido de un repunte al recuperarse la vida cotidiana.
Más allá de los resultados inmediatos, los investigadores destacan la importancia de la vigilancia microbiológica continua. Este seguimiento permite conocer cómo evolucionan los serotipos del neumococo y detectar a tiempo nuevas amenazas. Gracias a estos datos, se podrán diseñar vacunas más eficaces y adaptadas a la realidad epidemiológica.
En definitiva, la investigación confirma que la vacunación infantil no solo protege hoy, sino que también prepara el camino para una prevención más sólida en el futuro. Apostar por la ciencia, la vigilancia y las vacunas es apostar por la salud de las próximas generaciones.