El síndrome de delirio anti-María Corina Machado

20 de enero de 2026
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Corina Machado I EP

Cuando el ascenso de un líder revela las neurosis y oscuros intereses de quienes quedaron atrás

Estamos ante un fenómeno peculiar: la incapacidad de ciertos actores para evaluar racionalmente a figuras que desafían los esquemas de la política convencional. Lo vimos con el «Trump Derangement Syndrome». Ahora, en Venezuela, emerge su equivalente: el Síndrome de Delirio Anti-MCM (MCM-DS), un patrón de crítica obsesiva e irracional hacia María Corina Machado que se agudiza precisamente en la medida en que ella se perfila por encima de todos sus adversarios y se posiciona como líder indiscutible de talla mundial.

No se trata de crítica legítima, esencial en democracia, sino de algo cualitativamente distinto: una compulsión que ataca cualquier acción sin importar su contenido, que adopta posiciones mutuamente contradictorias y revela más sobre quien critica que sobre el objeto de la crítica.

El MCM-DS presenta una característica muy particular, y es que se intensifica proporcionalmente al éxito de María Corina. Cada premio internacional, cada reconocimiento global, cada manifestación masiva no genera reflexión en los portadores del síndrome, sino, por el contrario, una escalada, en muchos casos interesada y probablemente financiada en la virulencia de sus ataques.

Esta dinámica revela la naturaleza psicológica del fenómeno. El éxito de MCM funciona como un espejo cruel que refleja el fracaso de quienes apostaron a otras estrategias, de quienes normalizaron la convivencia con el régimen, de quienes perdieron la conexión con el pueblo.

Su ascenso global no es solo un hecho político; es un recordatorio cotidiano de la irrelevancia de quienes quedaron atrás. El MCM-DS se manifiesta en patrones reconocibles:

Crítica incondicional: si María Corina actúa, está mal; si se abstiene, también. Si habla, es irresponsable; si calla, es cobarde. Si negocia, es oportunista; si no negocia, es intransigente. La coherencia lógica desaparece ante la necesidad compulsiva de atacar.

Funcionalidad objetiva al régimen: estos críticos casi nunca se oponen al verdadero enemigo. El régimen venezolano queda, curiosamente, fuera de su radar crítico. Al no oponerse al poder, se convierten en aliados objetivos del chavismo, tontos útiles que pretenden desmoralizar la resistencia sin costo para los represores.

Ausencia de criterios verificables: todo su «análisis» es post hoc, comentarios a posteriori que reinterpretan lo sucedido. Practican el cherry picking sistemático, seleccionan solo aquellos hechos que alimentan su crítica.

Pensamiento lineal: No comprenden que la política es el ámbito de múltiples interacciones simultáneas, fricciones, contingencias. Evalúan estrategias como ejercicios lógicos en el vacío, no la praxis en contextos de altísima incertidumbre y represión brutal.

Catastrofismo obsesivo: cada paso es «el error definitivo»; cada decisión llevará «inevitablemente al desastre». Cuando sus predicciones apocalípticas no se cumplen, simplemente proclaman la siguiente catástrofe.

Quiénes lo padecen

Los portadores son de amplia gama. Están los resentidos fracasados, exdirigentes cuya envidia se disfraza de «preocupación responsable». Los oportunistas con canales al régimen, quienes mantienen negocios que una victoria democrática amenazaría. Los puristas ideológicos que prefieren la pureza en la derrota a la imperfección en el avance. Los nihilistas desmoralizados que necesitan que todos se rindan para validar su propia rendición. Y los agentes encubiertos del régimen, cuyo discurso es indistinguible de los demás.

Estos individuos no son muchos, pero como en todo trastorno, necesitan hacer ruido global como para tratar de convencer a los millones de seguidores que están equivocados o fallidamente demostrar que la María Corina que aparece públicamente es «falsa» y la real es la que sólo ellos pueden descubrir e intentan develar.

La ironía final

Lo verdaderamente irónico es que la intensificación del MCM-DS coincide exactamente con la consolidación global de María Corina como líder de referencia mundial en la lucha por la democracia. Mientras líderes, parlamentos y organizaciones de todo el planeta reconocen su valentía, claridad moral y efectividad política, quienes padecen el síndrome se encierran cada vez más en su maliciosa burbuja crítica.

No es María Corina quien tiene un problema. Son ellos quienes quedaron atrapados en una obsesión que los enceguece, que millones de venezolanos encontraron en ella lo que décadas de «política tradicional» nunca les dio: dignidad, esperanza y liderazgo auténtico frente a la tiranía.

El MCM-DS no es solo un fenómeno psicológico curioso. Es el síntoma global de una clase política e “intelectual” en bancarrota moral que, ante el ascenso de un liderazgo que no controla ni comprende, solo puede reaccionar con la única herramienta que le queda: la crítica destructiva disfrazada de análisis serio.

Y mientras tanto, la historia avanza sin ellos.

*Por su interés reproducimos este artículo de Alberto Ray publicado en el Diario las Américas.

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