Puestos a distinguir preferencias, me inclino por la de aquellos que manifiestan sus decisiones, no por interés, sino por convicción. La inmensa mayoría podemos estar de acuerdo en que determinados hechos son incalificables aunque, a la hora de enjuiciarlos, dependen las intensidades de si la persona sobre la que arbitrar me es simpática o desconsiderada. A más de uno se le condenó por envidia o se le salvó por conveniencia.
Singulares periodistas, antes de que abran la boca, ya conocemos su vocabulario y el nervio verbal que emplearán, más allá de posibles o probadas objetividades.
“Tener todo el dinero, el poder y el éxito no exime a nadie de ser un miserable”… sabiendo que este alegato, referido al más famoso cantante, viene de una periodista de Onda Cero, podemos fácilmente reconocer su nombre.
Es casi natural que tengamos fobias y filias propias, pero a veces la elegancia debe suplir al descaro.
En Veraluz, ya desde niños, nos enseñaban maneras.