Nosotros hemos permitido la destrucción institucional y moral, además de nuestro prestigio, de cara al mundo libre.
Todo por unos impresentables a los que solo les movía el poder del dinero, demostrando sus bajezas morales a todos, sin vergüenza alguna, con sus depravadas conductas.
Los instigadores de la putrefacción de sus adeptos se fueron de vacaciones mientras los testaferros, hambrientos de dinero y poder, se quedaron encerrados en las frías y tristes celdas carcelarias en espera de su castigo, pues no eran capaces de tirar de la antigua cadena del WC, eran demasiado cobardes.
No eran políticos, venían a romper España a base de Los Juegos del Hambre (una serie para los no inscritos). Eran unos juegos para esquilmar sin piedad a los carentes de carnet de fidelidad. Parece ser que el poder suele corromper y crea una adicción que les hace siempre desear más.
Más temprano que tarde se muestran tal y como son, la verdad es que abunda la hipocresía entre ellos y nos asaltan a base de malditas mentiras, los unos, los otros y todo el que se enganche para subirse al carro del poder, por lograr un sucio dinero. Y más culpa tienen los que se dejaron engañar que quienes crearon las cloacas.
No hace falta escudriñar mucho, todos los que votaron al PSOE fueron vilmente engañados, votaron la creación de un disimulado nuevo partido para crear un nuevo sistema de gobierno valiéndose de las siglas de uno reconocido, y en siete años, fueron capaces de someter a todo un país, al ponerles la soga al cuello a todos los ciudadanos.
Ellos participaron en la creación de una formación al servicio de un líder disfrazado de político que les prometió el oro y el moro. Es un dicho que prevalece, a pesar del tiempo…
Él se definía como amo y señor, añadía a los nombramientos el lugar más rentable de adjudicación según su fidelidad ya demostrada, además de sumar su propia casta familiar.
No, no eran verdaderos políticos, era gente hambrienta de poder y avaricia y lo que menos les importaba era su país, adjurando del cumplimiento del poder que se les otorgó constitucionalmente en un país que se declaró al mundo como demócrata, con una Constitución aprobada por todos los partidos.
Todos tenemos gente en nuestro entorno que queremos, sin tener nuestro credo, y son nuestros amigos del alma, pero últimamente con lo que estamos soportando viviéndolo como ataques a nuestros principios al ser ciudadanos orgullosos del lugar donde nacimos.
Nos hemos visto discutiendo por los conceptos diferentes que nos explotan cara a cara, unas situaciones que ya estaban superadas desde hacía años.
Estos siete años nos han enfrentando de nuevo y así es imposible vivir con paz y seguridad.
Esta manera de actuar se repite en la vida cotidiana, incluso con la familia, en los trabajos y si nos adentramos en quienes, a través de sus promesas políticas para alcanzar el poder, son capaces de vender lo más preciado, su credibilidad a base de falsas promesas con acciones dignas de reflexión, nos hacen sentirnos sin orden ni concierto.
Cuando pretenden conocer las verdades ocultas al descubrir sus mentiras es porque han salido a la superficie y son palpables, aún así se enrocan en la negación, denigrándose al máximo.
Igual que existe la memoria histórica, los que viven hoy, habiendo nacido al final de los cuarenta, saben por haberlo vivido la gran cantidad de falsedades a las que someten a sus ciudadanos y que estos suelen contar como ciertas.
Todo es mentira, ya son muchos los que no creen en los políticos, todo por esos que se han valido de sus cargos para poder delinquir libremente.
Pero ahora tenemos una parte de la juventud que ha cambiado radicalmente, antes estaban totalmente desnortados, alienados, confundidos, y cuando les escuchabas en sus corrillos, te dabas cuenta de donde les conducía la riada de desinformación que tenían y así era muy fácil hacerse con sus voluntades.
Hoy se están ocupando de conocer bien los pros y los contras de ciertas políticas y saben distinguir lo lícito de lo ilícito y de lo que les conviene para su formación y su futuro.
Ya no hacen falta las checas, donde las policías secretas en prisiones clandestinas actuaban deshumanizados y se explayaban para lograr una falsa confesión y así con el dolor físico conseguir adeptos a sus descabelladas políticas.
Dicen que en los años terribles, esos años sufridos en la guerra civil de España, la cultura no era muy visible y de esa manera se pudieron valer los unos y los otros de esas mentes poco avezadas… ¡Cuánto peor, mejor!
Es más fácil manejar a los menos preparados y, de esa manera, poder hacer brillar al torpe, al que además lo acompaña su mala fe. Por eso nos encontramos con tantos ineptos con poder, y cuanto más incultos son, peor; solo hay que medir sus peroratas de mercado.
Cuanto más incultos sean, los odios y los rencores se acrecientan, no por ideales políticos, suele ser por envidia y por querer lo que el otro tiene, y no por conocimientos morales. Donde más daño pretenden hacer es en las creencias, concebidas por los principios y raíces de sus adversarios.
Hoy todos tienen acceso a la cultura, pero incluso en las aulas los que la imparten pretenden traspasar sus ideas a los alumnos y muchos caen en sus subterfugios, que no dejan de ser engaños, y utilizan excusas artificiosas. Son pretextos como recurso hábil que usan para eludir las obligaciones a las que se deben como docentes.
De esta manera, sortean la única obligación que tienen, que es la de enseñar, y eluden el compromiso de educar en la materia que imparten, empleando triquiñuelas con maniobras para aproximarlos a sus creencias políticas a las que se deben.
Es de bien nacidos ser agradecidos… Pero el servilismo y la pleitesía es de mentes muy dañadas por las circunstancias que arrastran, hoy somos libres de pensar y expresar lo que percibimos, dejando que otros hagan lo mismo sin adoctrinar, ni dominar, ni por convicciones políticas.
¡La libertad no tiene precio, es un derecho humano! No te dejes arrastrar por sectas políticas, son muy dañinas para tu intelecto, solo pretenden adoctrinarte y aprovecharse de ti.
Tú, cómo individuo irrepetible, vales más solo que rodeado de borregos sin opinión propia.