Groenlandia se ha convertido en un foco de tensión dentro de la OTAN tras las aspiraciones de Donald Trump sobre la isla, un escenario que, según analistas, beneficia estratégicamente a potencias como Rusia y China. La reacción de varios países europeos ha sido clara: rechazar cualquier intento de apropiación unilateral por parte de Estados Unidos y enviar un mensaje político y militar de unidad.
Aunque el despliegue de tropas europeas en Groenlandia es por ahora limitado y de carácter simbólico, constituye una señal inequívoca de que los socios de la Alianza Atlántica no están dispuestos a aceptar cambios forzados en el equilibrio geopolítico del Ártico. La iniciativa parte de Dinamarca, país del que depende el territorio autónomo, y socio fundador de la OTAN.
Copenhague ha impulsado los ejercicios militares Arctic Endurance (Resistencia Ártica), diseñados para reforzar la seguridad y la defensa de la isla. A estas maniobras se han sumado países como Francia, Alemania, Suecia, Noruega y el Reino Unido, mientras que otros aliados, como España u Holanda, estudian su participación. “Reforzar la vigilancia en Groenlandia sí sería una opción”, afirmó la ministra de Defensa española, Margarita Robles.
Francia ha sido el primer país en responder de forma activa, con el despliegue inicial de una quincena de militares especializados en alta montaña en Nuuk, la capital groenlandesa, a los que se sumarán más efectivos y medios. El embajador francés para los Polos y los Océanos calificó la situación como “una señal fuerte” y definió la presión estadounidense como “inédita”.
Alemania también ha confirmado el envío de militares para una misión de reconocimiento conjunto, con el objetivo de evaluar un posible despliegue más amplio en el futuro. Berlín incluso contempla utilizar capacidades avanzadas de vigilancia aérea y marítima, como el avión de patrulla P-8A Poseidon, reforzando así su papel en la seguridad del Ártico.
Los países nórdicos, directamente implicados en la región ártica, participan igualmente en la operación. Suecia ha enviado varios oficiales, mientras que Noruega ha desplazado a dos representantes para colaborar en evaluaciones tácticas y explorar nuevas fórmulas de cooperación. El Reino Unido, por su parte, mantiene una presencia mínima pero simbólica, aunque su Gobierno reconoce compartir “la preocupación de Trump” por la creciente actividad rusa y china en la zona.
La operación Resistencia Ártica incluye maniobras centradas en la protección de infraestructuras críticas y en la vigilancia aérea y naval en condiciones extremas. Dinamarca mantiene de forma permanente el Comando Ártico, con unos 200 soldados, y ha anunciado un refuerzo sostenido de medios hasta 2026. “El objetivo es fortalecer la presencia de la Alianza en beneficio de la seguridad europea y transatlántica”, subraya el Ministerio de Defensa danés.