El planeta sigue enviando señales claras de alerta. Los datos climáticos de 2025 confirman una tendencia que ya no admite matices: el calentamiento global avanza a un ritmo más rápido de lo previsto. Aunque no batió el récord absoluto, el pasado año se situó como el tercer año más cálido jamás registrado, consolidando una secuencia histórica de temperaturas excepcionalmente altas.
La temperatura media global de 2025 alcanzó los 14,97 ºC, una cifra que lo coloca solo unas centésimas por debajo de 2023 y 2024, los dos años más cálidos desde que existen registros instrumentales. Esto supone estar muy por encima de la media climática reciente y confirma que los años “normales” ya no existen en términos climáticos.
Según los datos del Copernicus, gestionado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, prácticamente todo el año estuvo marcado por temperaturas anormalmente elevadas. Enero fue el más cálido jamás registrado a nivel mundial y otros meses como marzo, abril o mayo se situaron entre los más calurosos de la historia.
Más allá de los promedios, el impacto se notó en la vida diaria. La mitad de la superficie terrestre experimentó más días de lo habitual con un estrés térmico intenso, es decir, temperaturas percibidas superiores a los 32 ºC. En muchas regiones, este calor extremo favoreció sequías persistentes y grandes incendios forestales, especialmente en América del Norte y partes de Europa, con consecuencias directas para la calidad del aire y la salud humana, según Europa Press.
Uno de los datos más preocupantes del informe es que la temperatura global de 2025 fue 1,47 ºC superior al nivel preindustrial. Esto convierte a los últimos tres años —2023, 2024 y 2025— en el primer periodo continuado que supera el umbral de 1,5 ºC establecido como referencia en el Acuerdo de París.
Los científicos advierten de que, si se mantiene la tendencia actual, ese límite podría alcanzarse de forma estructural antes de que termine la década. La causa principal sigue siendo la misma: la acumulación constante de gases de efecto invernadero, derivados en gran parte de la actividad humana, y una menor capacidad de los ecosistemas naturales para absorber CO₂.
Los océanos también reflejan esta situación. La temperatura media de la superficie marina volvió a situarse entre las más altas registradas, mientras que el hielo marino alcanzó mínimos históricos, especialmente en el Ártico y la Antártida. De hecho, la Antártida registró su temperatura anual más alta desde que existen mediciones fiables.
Desde Copernicus insisten en que los datos no dejan lugar a dudas. La atmósfera está cambiando y lo hace como consecuencia directa de nuestras decisiones colectivas. El mensaje es tan claro como incómodo: sin una reducción rápida y sostenida de las emisiones, los récords de calor dejarán de ser excepcionales para convertirse en la nueva normalidad.