La apertura de una investigación por parte de la Fiscalía ha situado de nuevo en el centro del debate público a una de las figuras más conocidas de la música española. La denuncia, presentada por antiguas trabajadoras de su entorno doméstico, ha activado un proceso judicial en fase preliminar que se desarrolla con máxima cautela y bajo reserva. El caso combina impacto mediático, sensibilidad social y una atención especial a los derechos de las personas implicadas.
La Fiscalía de la Audiencia Nacional decidió abrir diligencias tras recibir una denuncia formal a principios de enero. Con esta decisión, el Ministerio Público inicia una fase de análisis previa para valorar los hechos y determinar si existen indicios suficientes para continuar por la vía judicial.
Estas diligencias no suponen una imputación ni un juicio. Sirven para recabar información, contrastar testimonios y evaluar pruebas. La Fiscalía ha dejado claro que el procedimiento se mantiene en reserva. El objetivo es proteger a las presuntas víctimas y evitar una exposición innecesaria mientras se examinan los hechos.
Desde el primer momento, la institución ha optado por una comunicación limitada. Esta estrategia busca garantizar un equilibrio entre el derecho a la información y la protección de las personas denunciantes. En casos de presunta violencia sexual, este enfoque resulta habitual y responde a criterios legales y éticos.
La investigación se enmarca en un contexto social distinto al de hace años. Hoy existe una mayor sensibilidad ante este tipo de denuncias. También hay una exigencia más clara de que las instituciones actúen con rapidez, seriedad y respeto.
Las denunciantes, antiguas trabajadoras del entorno doméstico del cantante, relatan haber vivido situaciones de tocamientos no consentidos, insultos y humillaciones, en un clima laboral que describen como intimidatorio y marcado por el control constante. Los hechos, según sus testimonios, se habrían producido mientras desempeñaban su trabajo en residencias privadas situadas fuera de España.
Estas acusaciones, conocidas a través de una investigación periodística, vuelven a poner sobre la mesa una realidad incómoda: la vulnerabilidad de las trabajadoras del hogar, especialmente cuando desarrollan su labor en espacios privados y bajo relaciones de poder muy desequilibradas. Se trata de un colectivo históricamente invisibilizado, con menos herramientas para denunciar y mayores dificultades para ser escuchado.
El caso también reabre el debate sobre cómo deben abordarse las denuncias cuando afectan a figuras públicas de gran relevancia. Por un lado, está la presunción de inocencia, principio básico del Estado de derecho. Por otro, la necesidad de que las denuncias sean investigadas con rigor, sin prejuicios ni silencios impuestos por la fama o el prestigio.
Mientras avanza la investigación, el foco permanece en la justicia y en su capacidad para actuar con independencia, prudencia y sensibilidad. El resultado del proceso aún es incierto, pero el simple hecho de que se investigue ya refleja un cambio de época: uno en el que las voces que antes quedaban al margen empiezan, poco a poco, a ser escuchadas.