Un estudio de la Universidad de Arkansas, publicado en la revista Journal of Nutritional Physiology, advierte de que las personas con anorexia nerviosa pueden seguir teniendo problemas musculares incluso después de recuperar el peso perdido. Este hallazgo cuestiona la idea de que alcanzar un peso “normal” signifique una recuperación completa.
La anorexia nerviosa es un trastorno mental grave que se caracteriza por el miedo intenso a engordar y por comer muy poco. Afecta sobre todo a mujeres y puede tener consecuencias muy serias para la salud. De hecho, quienes la padecen tienen hasta tres veces más riesgo de morir de forma prematura que quienes no han sufrido esta enfermedad.
Además de la pérdida de grasa, la anorexia provoca una fuerte reducción de la masa y la fuerza muscular, que puede llegar al 20 o 30%. Estos músculos son esenciales para actividades cotidianas como caminar, cargar peso o incluso realizar tareas básicas del día a día. Por eso, uno de los principales objetivos del tratamiento suele ser recuperar el peso corporal.
Sin embargo, la investigadora Megan Rosa-Caldwell explica que normalmente se considera recuperada a una persona cuando alcanza un índice de masa corporal mínimo. “Cuando se mantiene un peso por encima del umbral de bajo peso, es cuando deja de necesitar tanta atención médica”, señala la experta. El estudio plantea si este criterio es suficiente para hablar de una recuperación real.
Para investigar esto, los científicos realizaron un experimento con ratas jóvenes, a las que sometieron a una dieta muy baja en calorías durante un mes y luego permitieron comer con normalidad durante distintos periodos de recuperación. Aunque los animales recuperaron el peso, los investigadores observaron que el tamaño y la fuerza de sus músculos seguían siendo menores, incluso tras un periodo equivalente a varios años de recuperación en humanos.
Según los autores, la capacidad del cuerpo para generar músculo queda debilitada tras la anorexia, lo que significa que el daño puede durar más tiempo del que se pensaba. Por ello, Rosa-Caldwell concluye que los problemas musculares deberían tenerse más en cuenta en el tratamiento, ya que en las personas la enfermedad suele prolongarse durante años y solo alrededor de la mitad logra una recuperación completa y duradera.