Hablar de salud mental ya no es tabú como hace unos años. Está presente en los medios, en las redes sociales y en las conversaciones cotidianas. Sin embargo, los datos revelan una paradoja: el 20,9% de los españoles reconoce que nunca ha considerado iniciar un tratamiento psicológico ni se lo plantea en el futuro. La cifra supone cuatro puntos más que el año anterior.
El dato forma parte de la II Radiografía del Autocuidado de la Salud en España, elaborada por la Asociación para el Autocuidado de la Salud a partir de más de 5.000 encuestas a población adulta. Aunque la conversación pública ha avanzado, una parte significativa de la sociedad sigue sin dar el paso de pedir ayuda profesional.
La psiquiatra Rosa Molina apunta a una posible explicación: se ha producido cierta normalización del malestar emocional. Muchas personas perciben el estrés, la ansiedad o la tristeza como algo compartido y, por tanto, asumido. Si “todos estamos igual”, parece menos urgente buscar apoyo.
A ello se suma otro factor relevante: la percepción de que el sistema sanitario está saturado. Las largas listas de espera y el coste de la atención privada actúan como freno. No todo el mundo puede asumir un gasto adicional, y esa barrera económica influye en la decisión.
El estudio también muestra que un 44,6% de los ciudadanos no ha buscado ayuda, aunque lo haría si lo considerara necesario. Mientras tanto, un 9,3% se encuentra actualmente en tratamiento. La mayoría se mueve, por tanto, en una zona intermedia entre la conciencia del problema y la inacción.
Los principales factores que afectan al bienestar emocional siguen siendo las relaciones familiares y sociales, los problemas económicos y el trabajo. A estos se suma con fuerza el acceso a la vivienda, una preocupación creciente que impacta especialmente en jóvenes y personas de mediana edad.
Pese a este escenario, el 74,8% de los encuestados percibe su estado de salud como bueno o muy bueno, y un 73% afirma sentirse satisfecho con su vida. El autocuidado se consolida como un valor importante para la mayoría. Sin embargo, un 39% admite que no sabe bien cómo practicarlo.
El descanso también influye en el equilibrio mental. Aunque dos de cada tres personas califican su sueño como bueno, el estrés laboral y los problemas personales continúan afectando a una parte relevante de la población.
En cuanto a la información sanitaria, el profesional de salud sigue siendo la principal referencia. La inteligencia artificial despierta interés, pero también cautela: la mayoría desea que cualquier decisión médica mantenga supervisión humana.
El panorama dibuja una realidad compleja. La salud mental ocupa espacio en el debate social, pero todavía persisten barreras culturales, económicas y estructurales. Reconocer el malestar como una necesidad legítima de atención sigue siendo un paso pendiente para una parte de la población española.