El Palacio de Santa Cruz fue Cárcel de Corte hasta que el primer Borbón, Felipe V, decidió que fuese Palacio donde se ajustaran las cuentas a los que incumplían las leyes. Según el pueblo y apreciaciones particulares, el nombre le viene de una parroquia cercana que así se llamaba y fue más tarde demolida. También, puede que sea leyenda o verdad, que en la remodelación oportuna encontraron una cruz de gran tamaño trazada con la uña en un pilar donde malvivían los prisioneros. Siendo más pragmático, creo que la cruz le sobreviene de tener que soportar a un ministro de escasa altura a todos los niveles.
“En España no podemos transigir con un quebrantamiento del Derecho Internacional como ha sucedido en Venezuela”, expresa en su altura el ministro que nos representa. Le ha faltado decir que aquí estamos dispuestos a beber los tragos que sean necesarios cuando el Dictador es de Izquierdas, un sátrapa además con las elecciones perdidas y artífice de las calamidades que estaba el pueblo soportando. Eso no lo contempla el Derecho Internacional.
Señor Albares, mirar con un ojo la vida es verla a medias en perjuicio de la otra mitad.
Pedro Villarejo