¿Qué tienen en común la esquizofrenia y la osteoporosis? La ciencia descubre un vínculo inesperado

9 de enero de 2026
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Esquizofrenia I Freepik

Un estudio genético revela que la salud mental y la ósea comparten más de lo que se creía

Durante años, la esquizofrenia y la osteoporosis han sido consideradas enfermedades sin relación alguna. Una afecta a la mente; la otra, a los huesos. Sin embargo, la ciencia acaba de dar un giro sorprendente a esta idea. Un amplio estudio genético ha revelado que ambas comparten raíces biológicas profundas, abriendo una nueva forma de entender la salud humana desde una perspectiva integral.

Un hallazgo genético que rompe fronteras médicas

La investigación, liderada por el Hospital General de la Universidad Médica de Tianjin, analizó datos genómicos de más de 500.000 personas. Los resultados, publicados en la revista científica Genomic Psychiatry, identificaron 195 regiones genéticas compartidas y 1.376 genes implicados tanto en la esquizofrenia como en la salud ósea.

Este descubrimiento ayuda a explicar un fenómeno observado desde hace tiempo: las personas con esquizofrenia presentan mayor riesgo de fracturas y menor densidad mineral ósea que la población general. Hasta ahora, se atribuía a factores como el déficit de vitamina D, alteraciones metabólicas o los efectos secundarios de los antipsicóticos. Sin embargo, estos factores no lograban explicar completamente la relación.

El nuevo enfoque genético demuestra que existe una arquitectura hereditaria común, independiente del entorno. Mediante un análisis multinivel, que abarcó desde el genoma completo hasta variantes específicas, los investigadores detectaron superposiciones complejas que habían pasado desapercibidas en estudios previos.

Uno de los datos más llamativos es que la densidad ósea del talón mostró la mayor coincidencia genética con la esquizofrenia, con 140 regiones compartidas. También se encontraron vínculos relevantes en el cuerpo total, la columna lumbar y el cuello femoral, lo que refuerza la solidez del hallazgo, según Infosalus.

Implicaciones clínicas y una nueva mirada a la prevención

Más allá de la genética, el estudio aporta claves clínicas importantes. Muchos de los genes compartidos participan en procesos esenciales como el metabolismo del nitrógeno y la síntesis de neurotransmisores, funciones cruciales tanto para el funcionamiento del cerebro como para la formación de la matriz ósea. Es decir, la misma maquinaria molecular influye en la salud mental y en la estructura del esqueleto.

Resulta especialmente interesante que algunas variantes genéticas tengan efectos opuestos: aumentan el riesgo de esquizofrenia, pero reducen la densidad ósea, o viceversa. Este equilibrio explica por qué la conexión había pasado inadvertida durante años.

Desde el punto de vista médico, el hallazgo abre la puerta a una evaluación más completa de los pacientes con esquizofrenia. El uso de puntuaciones de riesgo poligénico permitiría anticipar problemas óseos y aplicar medidas preventivas tempranas, como controles más frecuentes o tratamientos personalizados que tengan en cuenta ambos riesgos.

Los autores reconocen limitaciones, como el hecho de que la muestra incluya solo población de ascendencia europea. Aun así, el estudio marca un antes y un después. La conexión entre salud mental y ósea demuestra que el cuerpo humano funciona como un sistema interconectado, donde comprender un órgano puede ayudar a cuidar otro.

La ciencia, una vez más, nos recuerda que nada ocurre de forma aislada. Y que mirar más allá de las fronteras tradicionales de cada especialidad puede mejorar, y mucho, la forma en que prevenimos y tratamos las enfermedades.

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