Las personas con Asperger sí son empáticas, según explica una neuróloga

8 de enero de 2026
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Asperger I EP

Comprender su forma de sentir y relacionarse es clave para romper estigmas y ofrecer un apoyo adecuado

Durante años, uno de los mitos más extendidos sobre el síndrome de Asperger ha sido la supuesta falta de empatía de quienes lo presentan. Sin embargo, esta idea no solo es incorrecta, sino que también resulta dañina. Así lo explica la neuróloga infantil Gloria López, especialista del Hospital Ruber Internacional, quien insiste en que estas personas sí sienten empatía, aunque puedan expresarla o interpretarla de una manera distinta.

“Las personas con Asperger no carecen de empatía. Sienten con profundidad, pero a veces tienen dificultades para identificar de forma inmediata las emociones ajenas”, aclara la experta. Esta diferencia en el procesamiento emocional ha llevado a interpretaciones erróneas, alimentadas por estereotipos y por una visión simplificada del trastorno. Para la neuróloga, comprender esta realidad es clave para favorecer una convivencia más justa y respetuosa.

Empatía, estereotipos y una visión distorsionada

Uno de los errores más frecuentes es asociar el Asperger a una frialdad emocional o a una desconexión afectiva. En realidad, explica López, muchas personas dentro del espectro experimentan emociones intensas, pero pueden tener dificultades para descifrar gestos, tonos de voz o normas sociales implícitas. Eso no significa que no les importe el otro, sino que su forma de entender el mundo es diferente.

Otro estereotipo habitual es pensar que todas las personas con Asperger poseen capacidades extraordinarias. “No todas tienen talentos excepcionales. Hay tantos perfiles como personas”, subraya la neuróloga. Esta visión idealizada también resulta injusta, ya que invisibiliza las dificultades reales que muchas afrontan en su día a día.

En España, se estima que alrededor de 450.000 personas se encuentran dentro del trastorno del espectro autista (TEA), con una prevalencia cercana al 1% de la población. Dentro de este amplio abanico, el perfil tradicionalmente denominado Asperger podría representar entre el 18% y el 27% de los casos. Desde 2013, con la publicación del DSM-5, dejó de considerarse un diagnóstico independiente para integrarse dentro del espectro, lo que refuerza la idea de continuo y diversidad.

Una forma distinta de procesar el mundo

La doctora López explica que el Asperger se caracteriza por un patrón cognitivo singular. El cerebro prioriza ciertos estímulos y puede mostrar dificultades para integrar automáticamente las convenciones sociales, pero también destaca por su capacidad para el detalle, la lógica o la memoria. Estas diferencias no implican menor gravedad ni ausencia de sufrimiento.

De hecho, muchas personas con este perfil experimentan ansiedad, aislamiento o sobrecarga sensorial, especialmente cuando el entorno no se adapta a sus necesidades. Además, condiciones como el TDAH o la ansiedad son comorbilidades frecuentes y deben evaluarse de forma independiente para ofrecer un abordaje adecuado.

“El objetivo no es cambiar quiénes son”, insiste la neuróloga, “sino acompañarles para que puedan desarrollar su potencial en un mundo que a menudo no comprende su manera de pensar y relacionarse”. Esto requiere acompañamiento clínico, psicoeducación y entornos más inclusivos.

Romper el mito de la falta de empatía no es solo una cuestión científica, sino también social. Entender que las personas con Asperger sienten, se vinculan y se preocupan es un paso esencial para construir una sociedad más empática… con la empatía de verdad.

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