De conformidad con el ordenamiento jurídico del Reino de España y la Convención sobre los Derechos del Niño, se entiende por niño a todo ser humano menor de dieciocho años de edad. Bajo este marco, y según lo establecido en la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor, se busca garantizar el desarrollo integral de la persona, haciendo abstracción de las diversas consideraciones biológicas o psicológicas para establecer un límite de seguridad jurídica claro. No obstante, el estado de descomposición social y la pérdida de valores morales ha procreado una generación de menores que a cualquiera pondrían a dudar acerca de su condición, debido a la deformada visión del mundo y de la vida bajo la cual se proyectan en su esquema social.
Resulta alarmante cómo se escandaliza a la persona en formación que existe dentro de ellos. Es harto conocida la compleja gama de perfiles que influyen en ello —sociológicos, culturales, psicológicos y ambientales— que pueden derivar en lo que algunos expertos denominan un determinismo hereditario o ambiental nocivo. En España, la Ley Orgánica 8/2021 (LOPIVI) enfatiza el derecho a un entorno seguro, advirtiendo que la exposición a actos que atenten contra su dignidad e integridad moral constituye una forma de violencia que debe ser erradicada. Con frecuencia, adolescentes que por la lozanía de su trato y la ingenuidad de su espíritu deberían ser protegidos, se ven escandalizados por conductas adultas que lesionan su derecho al libre desarrollo de la personalidad.
El menor, en la esfera legal y humana, se ve inmerso hoy en un bombardeo de actitudes tendentes a desnaturalizar la etapa más crítica de su crecimiento. En espacios que deberían ser entornos seguros, se les irrespeta con conductas que les arrancan prematuramente su inocencia mental. En estos tiempos, diversos medios y las malas compañías están socavando los esquemas de conducta capaces de engendrar ciudadanos sin secuelas psicológicas.
Frente a esta realidad, es imperativo que los adultos rescatemos al niño que habita en nosotros para proteger a los niños de nuestro mundo. Solo garantizando que crezcan en un ambiente de respeto y buen trato, aseguraremos que la vida les sea cada día más bella y grata para vivirla.
«La infancia es el suelo sobre el que se camina toda la vida.» — Rosa Jové
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario