Érase una vez

29 de noviembre de 2025
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Cuando pretenden convertir en institución la mentira, están propiciando la destrucción de un país que fue un gran ejemplo

Érase una vez, un hombre, que nació pegado a una gran mentira. Nació con ese despreciable estigma, que más tarde lo mostró al mundo. Cuando ya era imposible taparlo por ser la mentiras más grandes jamás contadas con la que nació y puso en practica con el primer atisbo de conocimiento.

A simple vista no era visible, y eso que era una enorme apéndice que él sabía esconder debajo de su chaqueta, muy cerca de su podrido corazón.
Nunca le hicieron ningún estudio que definiera fehacientemente el gran problema que padecía, su aspecto era agradable y bien parecido. Poseía el don de embaucar sin que ninguno de sus seguidores se dieran cuenta, que estaban siendo abducidos.

Son individuos que al crear las mentiras en sus enfermas mentes, se las creen y las pretenden llevar a cabo, cueste lo que cueste. Este sencillamente los compraba, y así se hacía con todos los que caían en sus redes. El recurso literario de Quevedo con su soneto, muy descriptivo que lo define muy punzante en, Erase una vez un hombre, a una nariz pegado.

Esta es, mi aportación «jocosa» de mi libre pensamiento.

Dedicado a quién amándose intensamente, dio alas a su adictivo engreimiento. Que creando un foso de mentiras, provocó la erupción efervescente de un volcán, con olor a azufre maloliente. La población se entregaba a sus mentiras, mientras creaba estupor y descontento entre las gentes de bien, sin entenderlo.

Erase una vez un hombre… Que vivía tan pegado a su mentira. Sin recelo ni sentido, sin pesar ni desaliento. Que no se percató de su gran fallo y cayó descreído, ante la gente. Sus viajes sus idas y venidas emponzoñaron sus mentiras, tan frecuentes, llegando a un punto sin retorno. Dejando en barbecho a su gente.

Esta es la triste historia de alguien mentiroso, sin reparo. Que se creyó intocable y admirado. Sin darse cuenta que al contrario la gente lo odiaba intensamente. Por ambicioso mentiroso y mala gente. La traición le precedía, y se vio repudiado en sus gestiones, por ser deshonestas, sin cordura; y de tanto ir el cántaro, a la fuente, un día se rompió, dejando correr libremente calle abajo un reguero de agua, ante los ojos de la gente. Quedando libres de beber el agua impuesta con sabor a falsedad e inoperancia.

Qué triste final, dijo la gente para semejante ser tan indolente, que practicó el engañó a sus palmeros. Esos que le servían de crack, como borregos.

Cuando pretenden convertir en institución la mentira, están propiciando la destrucción de un país que fue un gran ejemplo.

Las frases lapidarias ayudan a la reflexión, hoy muy necesaria.

El pasado no se niega; se acepta. Los errores no se tapan, se asumen. Los pecados no se juzgan, se perdonan La tristeza no se oculta, se supera. El amor no se grita, se demuestra.

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