Una de cada siete personas padece migraña: así se desatiende uno de los dolores más incapacitantes

26 de noviembre de 2025
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Chica con dolor de cabeza. | Fuente: Canva

A pesar de su enorme impacto, la investigación de las cafaleas ha sido históricamente relegada dentro del mundo científico

Una de cada siete personas padece migraña y millones más sufren otros trastornos de dolor de cabeza, entre ellos la cefalea en racimos, considerada “uno de los dolores más intensos que se conocen”, según recoge The New York Times. Para quienes la padecen, cada episodio constituye una auténtica emergencia, muy lejos de la imagen trivial que suele asociarse a los dolores de cabeza.

A pesar de su enorme impacto, la investigación de las cefaleas ha sido históricamente relegada dentro del mundo científico. Esta falta de interés se relaciona con el llamado “prestigio de la enfermedad”, una jerarquía cultural que determina qué afecciones generan simpatía y cuáles son tratadas con indiferencia. En el caso de la migraña, los prejuicios son profundos: durante décadas se la minimizó como una forma de “histeria femenina”, y hoy sigue siendo objeto de juicios sociales desproporcionados, especialmente hacia las mujeres, quienes la sufren tres veces más que los hombres, recoge el mencionado diario.

Los datos de los Institutos Nacionales de la Salud de México muestran la desigualdad de financiación: mientras la depresión recibió 700 millones de dólares el último año, la migraña recibió apenas el 6%, unos 41 millones, incluso menos que el año anterior. Esta falta de recursos desincentiva a los jóvenes investigadores. Como explica el neurólogo Christopher Gottschalk, muchos han oído que estudiar cefaleas “no es ciencia” o que “no hay dinero en ello”, un estigma que se filtra incluso dentro de las instituciones.

Avances limitados

En cuanto a tratamientos, los avances han sido limitados. Los triptanes, desarrollados en los años 90, fueron innovadores para algunos pacientes, pero insuficientes para muchos otros. Durante más de dos décadas no surgió ninguna alternativa realmente nueva.

En 2018 apareció una clase de medicamentos más sofisticados, los inhibidores del CGRP, diseñados específicamente para prevenir la migraña. Aunque han sido revolucionarios para parte de la población, no eliminan totalmente el dolor y un tercio de los pacientes obtiene poco o ningún beneficio. Como resultado, muchos se ven obligados a recurrir a usos no autorizados de otros fármacos —antidepresivos, anticonvulsivos o tratamientos para la presión arterial—, reflejo de una ciencia que aún está muy lejos de responder a la magnitud del problema.

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