La mala posada

26 de julio de 2025
1 minuto de lectura
Paciente con ELA. | Fuente: EP

El peor sufrimiento es darte cuenta un día que, por falta de amistad o de raíces, ya no interesas a nadie

Exageraba un poco Santa Teresa de Jesús cuando advertía que “la vida es una mala noche en una mala posada”. Quizá por eso, muchos no hagan otra cosa que procurarse una noche estrellada con champán y buena compañía en un hotel de cinco estrellas. Nunca con dinero de su propio bolsillo, sino con el de los estrangulados por Hacienda, que no tienen paraísos fiscales donde esconderse ni ministros ni secretarios de Estado que les anticipen su investigación dándoles facilidades para que no se sientan sorprendidos.

La mala noche en una mala posada queda, por ejemplo, para los enfermos de ELA, que se mueren poco a poco sin ayudas y sin apenas compromisos: el peor sufrimiento es darte cuenta un día que, por falta de amistad o de raíces, ya no interesas a nadie.

La conciencia, cuando está asentada en valores constatables, orientan los pasos hacia el progreso de las comunidades. Para bastantes –lo estamos comprobando— decir conciencia es pensar en un estorbo que limita los caprichos, las veleidades y las farsas. Sin conciencia no hay camino; en todo caso, como advertía Séneca, el final será un despeñadero.

Pedro Villarejo

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