El arte «degenerado» cobra vida en el Museo Picasso de París

27 de febrero de 2025
3 minutos de lectura
Museo Picasso de París. | EP

Entre las piezas más destacadas de la muestra se encuentra Metrópolis de George Grosz

Un capítulo oscuro de la historia del arte resurge en París. A partir del próximo martes, el Museo Picasso reproducirá una parte de la infame exposición El arte degenerado, organizada por el régimen nazi en 1937 en Múnich. Esta muestra buscaba desacreditar el arte moderno, al considerarlo una amenaza para los valores alemanes, destaca Diario Las Américas.

En la exposición parisina se exhiben alrededor de 60 cuadros y esculturas que, a los ojos del régimen de Adolf Hitler y su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, representaban una «corrupción artística». Obras de vanguardia que desafiaban las normas establecidas fueron ridiculizadas y retiradas de las colecciones públicas durante los años del nazismo.

Entre las piezas más destacadas de la muestra se encuentra Metrópolis (1916-17) de George Grosz, una representación expresionista del caos urbano, prestada por el Museo Thyssen de Madrid. También sobresale Libro, frutero y mandolina (1924) de Pablo Picasso, un cuadro con una historia singular: fue la única obra del pintor español colgada en un museo alemán antes de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando los nazis asumieron el poder en 1933, iniciaron una feroz campaña de «limpieza» artística. Cerca de 1.400 artistas, en su mayoría alemanes, fueron catalogados como «degenerados». Más de 20.000 obras fueron retiradas de los museos, y aproximadamente 5.000 de ellas fueron destruidas, según explica el comisario de la exposición, Johan Popelard.

El cuadro de Picasso, considerado inapropiado por el régimen, fue retirado del Museo Nacional de Berlín y guardado en una caja fuerte del banco Thyssen. El 2 de septiembre de 1939, un día después del estallido de la guerra, la obra se vendió a un coleccionista privado por una fracción de su valor. No fue hasta 1971 que volvió a exhibirse en el museo nacional bávaro de Múnich.

Un éxito inesperado para los nazis

Paradójicamente, la exposición de 1937 no tuvo el efecto desalentador que el régimen esperaba. Más de dos millones de personas visitaron la muestra en Múnich durante los cuatro meses que estuvo abierta, y posteriormente recorrió otras ciudades alemanas. Lo que debía ser una burla pública hacia los artistas terminó despertando una curiosidad masiva y un inesperado interés por el arte moderno.

Para los artistas de la época, la exposición fue un golpe devastador. Hannah Höch, una destacada figura del movimiento dadaísta, visitó la muestra y escribió: «Hay muchos rostros serios, se puede sentir la oposición. La gente no dice casi nada». Mientras tanto, Hitler optaba por reírse ante las cámaras mientras recorría las salas, reforzando su mensaje de desprecio hacia las corrientes vanguardistas.

La nueva exposición en el Museo Picasso rinde homenaje a los artistas perseguidos. Al entrar, los visitantes se encuentran con los nombres de los 1.400 creadores que fueron censurados, despedidos o incluso asesinados. Entre ellos está Otto Freundlich, un escultor que murió en el campo de concentración de Sobibor.

Dos historias en una exposición

En una de las secciones más impactantes, se exhiben cuatro esculturas consideradas «degeneradas» que fueron descubiertas durante las excavaciones de una línea de metro en Berlín en 2010. Estas piezas, enterradas durante décadas, son testigos silenciosos de un pasado de censura y represión.

Para Johan Popelard, comisario de la muestra, esta exhibición tiene un doble propósito: «Intentamos presentar una exposición sobre las obras maestras del arte alemán de la primera mitad del siglo XX, y al mismo tiempo, contar la historia del arte ‘degenerado’ y la persecución que sufrieron estos artistas», explica.

George Grosz, uno de los artistas perseguidos, resumió el impacto de aquellos años en una carta a su amigo Felix Weil en 1933: «Generaciones futuras contemplarán más adelante mis cuadros como contemplamos hoy las escenas inmortales de atrocidades de Goya: ‘yo lo vi y lo viví, esa era mi Alemania, esa era la verdad'».

Esta exposición, que permanecerá abierta hasta el 25 de mayo, no solo rescata las obras que el régimen nazi intentó borrar de la historia, sino que también recuerda la valentía de los artistas que, a pesar de la censura, no dejaron de crear y de denunciar las injusticias de su tiempo.

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