Envejecer hoy en día implica convivir con más tratamientos médicos que nunca. Según los últimos datos oficiales, casi el 30% de las personas mayores de 65 años en España consume cinco o más medicamentos de forma crónica a lo largo del año. Una realidad cada vez más común que plantea importantes retos para el sistema sanitario y, sobre todo, para la calidad de vida de los pacientes.
El informe sobre utilización de fármacos crónicos elaborado por el Ministerio de Sanidad revela que la polimedicación no se distribuye de forma homogénea. A medida que avanza la edad, el consumo de medicamentos se incrementa de forma notable. En el grupo de entre 85 y 94 años, el porcentaje de personas que toman cinco o más fármacos alcanza ya el 44%, una cifra que evidencia la complejidad clínica de estas etapas de la vida.
El análisis también muestra diferencias por sexo. Las mujeres presentan una mayor prevalencia de polimedicación que los hombres, especialmente en edades avanzadas. Ellas consumen con más frecuencia medicamentos relacionados con patologías óseas, trastornos tiroideos, psicofármacos, analgésicos y antiinflamatorios. En cambio, los hombres utilizan en mayor proporción fármacos cardiovasculares, urológicos, antidiabéticos y broncodilatadores.
Estos patrones no son casuales. Responden tanto a diferencias biológicas como a trayectorias de salud distintas a lo largo de la vida. Sin embargo, los expertos advierten de que más medicamentos no siempre significan mejor atención, y que el riesgo de interacciones y efectos adversos crece con cada nuevo tratamiento añadido.
El informe confirma que las personas polimedicadas presentan una mayor carga de enfermedad. Patologías como la insuficiencia cardiaca, la cardiopatía isquémica, la diabetes o la insuficiencia renal crónica son mucho más frecuentes en quienes toman múltiples medicamentos. En algunos casos, la prevalencia es hasta siete veces superior respecto a quienes no están polimedicados.
También se observa una clara relación entre edad y consumo de determinados fármacos. Los medicamentos para la demencia, los diuréticos, los anticoagulantes o los antianémicos aumentan de forma significativa en edades muy avanzadas. Por el contrario, el uso de antiinflamatorios, estatinas o insulina tiende a disminuir con los años.
Uno de los aspectos que más preocupa a Sanidad es que algunos fármacos se utilizan por encima de la prevalencia real de las enfermedades que deberían justificar su prescripción. Es el caso de protectores gástricos, hipolipemiantes, vitamina D, analgésicos o ansiolíticos. Esta situación refuerza la necesidad de avanzar hacia un uso más racional del medicamento, especialmente en personas mayores.
Desde el Ministerio subrayan la importancia de revisar tratamientos de forma periódica, incorporar el enfoque de edad y género y priorizar la seguridad del paciente. Reducir fármacos innecesarios no solo disminuye riesgos, sino que mejora la adherencia, la autonomía y el bienestar.
La polimedicación es, en muchos casos, inevitable. Pero gestionarla bien puede marcar la diferencia entre vivir más y vivir mejor en las etapas más avanzadas de la vida.