En numerosos rincones de la península de Yucatán, el arte sacro permanece integrado en la vida cotidiana. No se exhibe en grandes museos ni se muestra como una atracción turística masiva. Al contrario, habita en iglesias, conventos y pequeñas comunidades donde la fe y la historia siguen profundamente entrelazadas. En esos espacios, el tiempo parece avanzar a otro ritmo y cada objeto conserva un significado que va más allá de lo estético.
Precisamente de esa realidad nace el proyecto “100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán”. Se trata de una iniciativa que pone el foco en un patrimonio poco conocido y, al mismo tiempo, esencial para comprender la identidad cultural de la región. A través de imágenes, textos y recursos audiovisuales, el proyecto busca acercar estas piezas al público sin descontextualizarlas ni despojarlas de su valor simbólico.
Las obras seleccionadas se reparten entre Yucatán, Campeche y Quintana Roo. Cada una refleja una historia distinta, pero todas comparten un mismo trasfondo: la convivencia entre tradiciones indígenas, herencia colonial y prácticas religiosas que han perdurado durante siglos. Por ello, el valor del proyecto no reside solo en la belleza de las piezas, sino también en el relato que las acompaña, según apunta el Diario de Yucatán.
Además, el equipo creativo recorrió pueblos y comunidades para comprender el entorno en el que estas joyas siguen vivas. Durante ese proceso surgieron conversaciones, retos técnicos y descubrimientos inesperados. En muchos casos, los autores documentaron obras que apenas habían sido fotografiadas o que solo se mostraban en fechas muy concretas. Gracias a ese trabajo de campo, el proyecto adquiere una dimensión humana que va más allá del simple registro visual.
Junto al libro, la iniciativa incluye una guía turística estructurada en catorce rutas. Estas propuestas permiten explorar la península desde una mirada cultural, pero también gastronómica y social. Así, el visitante no solo observa las piezas, sino que entiende el territorio que las rodea.
Detrás de cada imagen hay decisiones, tiempos de espera y encuentros que no siempre se perciben a simple vista. La luz, el espacio y el respeto por las comunidades condicionaron cada fotografía y cada grabación. Sin embargo, esos límites se transformaron en oportunidades para contar historias más auténticas.
En ese sentido, la dirección creativa del proyecto aporta coherencia visual y narrativa al conjunto. La elección de colores, símbolos y diseños no responde a una moda, sino a una intención clara: dialogar con lo sagrado desde el presente. Para quienes participaron, esta experiencia supuso tanto un reto profesional como un aprendizaje personal.
En definitiva, “100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán” no pretende idealizar el pasado ni convertirlo en algo distante. Más bien invita a mirarlo con respeto, curiosidad y cercanía. Es un homenaje al legado histórico, cultural y espiritual de una región donde cada imagen sigue contando una historia que merece ser escuchada.