Donald Trump quiere convertir Groenlandia en un nuevo foco de explotación de recursos naturales. El presidente de Estados Unidos ha anunciado este miércoles que se prepara el inicio de operaciones «masivas» de exploración de petróleo, gas y minerales en la isla ártica, a la que se ha referido como «nuestra nueva y hermosa Groenlandia».
El anuncio llega pocas semanas después del acuerdo suscrito por Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia para reforzar la seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte. El pacto amplía las posibilidades de presencia militar estadounidense en el territorio, aunque mantiene formalmente la soberanía danesa y reconoce el derecho de los groenlandeses a decidir su futuro.
Trump ha defendido el potencial energético de la isla en un mensaje publicado en redes sociales. Según el mandatario, algunos expertos consideran que Groenlandia podría albergar una cantidad de petróleo fácilmente accesible superior a la de casi cualquier otro lugar del mundo.
El presidente ha insistido en que la importancia de Groenlandia va mucho más allá de sus posibles reservas de hidrocarburos y minerales. A su juicio, su ubicación la convierte en una pieza esencial para la defensa de Estados Unidos y Europa, especialmente ante posibles amenazas procedentes del Ártico.
«Cualquier ataque futuro contra Estados Unidos tendría que pasar por Groenlandia», ha afirmado Trump, que también ha asegurado que las defensas estadounidenses desplegadas en la isla podrían interceptar drones, misiles y otros sistemas de armamento.
El mandatario sostiene que el territorio ofrece una ventaja estratégica por su posición geográfica, que permitiría detectar amenazas y disponer de más tiempo para responder. Sus declaraciones refuerzan la línea argumental con la que la Casa Blanca ha defendido una mayor implicación militar en la región.
El pacto firmado el 22 de septiembre por Trump, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el jefe del Gobierno groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, contempla una ampliación de la actividad militar estadounidense. Entre otras medidas, permite modernizar la base espacial de Pituffik y establecer nuevas áreas de defensa en Groenlandia, conforme a las condiciones acordadas por las partes.
La Casa Blanca ha presentado el acuerdo como un avance para la seguridad estadounidense y para la defensa colectiva de la OTAN. Sin embargo, el texto no convierte Groenlandia en territorio de Estados Unidos ni concede automáticamente a Washington derechos exclusivos para explotar sus recursos naturales.
La soberanía danesa y el derecho de autodeterminación de la población groenlandesa siguen reconocidos en el acuerdo. Además, su entrada en vigor está supeditada a los procedimientos parlamentarios correspondientes.
Pese al anuncio de Trump, no se han detallado los proyectos concretos, el calendario de las operaciones ni las empresas que participarían en la exploración. Tampoco se ha anunciado que exista una autorización general para iniciar extracciones de petróleo y gas en toda la isla.
Según la información publicada por Cadena SER, por ahora hay un proyecto vinculado a la empresa estadounidense Greenland Energy cuya licencia para buscar petróleo continúa pendiente de aprobación por las autoridades groenlandesas.
El anuncio abre así un nuevo frente en torno al futuro económico y estratégico de Groenlandia. La isla despierta un creciente interés por sus recursos naturales y su posición en el Ártico, pero cualquier desarrollo energético dependerá de los permisos correspondientes y de las decisiones de las autoridades competentes.
La nueva declaración del presidente se produce después de meses de tensiones diplomáticas, durante los cuales Trump llegó a amenazar con hacerse con Groenlandia por la fuerza y defendió que su control era necesario para la seguridad nacional estadounidense.
El acuerdo alcanzado en septiembre rebajó esa confrontación al establecer un marco para ampliar la cooperación militar, sin transferir formalmente la soberanía del territorio. Ahora, el anuncio de una exploración masiva de petróleo, gas y minerales vuelve a situar los recursos de la isla en el centro de la estrategia de Washington.
Por el momento, queda por aclarar cómo pretende la Administración estadounidense llevar a la práctica sus planes y qué papel tendrán las autoridades de Groenlandia y Dinamarca en cualquier futura explotación.