El narcisismo del poder
«El narcisista devora a los demás para alimentar un vacío que nunca se llena; su tragedia es que, al final, se queda solo en un desierto de espejos.» — SAM VAKNIN.
PREÁMBULO:
A propósito de mi reciente investigación titulada «Aunque Arda Troya», donde expongo cómo la balanza de la justicia ha sido inclinada por manos indignas, iniciamos esta serie de análisis psiquiátricos. No es coincidencia que el nombre del arquetipo MARÍA ELENA MERENGUE (vinculada simbólicamente a procesos de destitución por abusos en el ámbito judicial) se repita en los anales del deshonor. En esta primera entrega, desglosamos cómo el narcisismo político y judicial transforma a una servidora pública en una figura de control absoluto, donde la ley no es un límite, sino un arma personal.
ANAMNESIS:
La historia criminal y política contemporánea nos obliga a enfrentar una realidad perturbadora: la PSICOPATÍA INTEGRADA no siempre se manifiesta en actos de violencia física bruta, sino que a menudo se camufla bajo el barniz de la autoridad institucional y el prestigio de los cargos públicos de alto nivel. El arquetipo de MARÍA ELENA MERENGUE, cuando se sitúa en las cúspides del poder, representa uno de los perfiles más complejos y peligrosos de la psiquiatría forense: el NARCISISMO MALIGNO. Para comprender la magnitud de este fenómeno, es necesario descorrer el velo de su carisma ensayado y observar la frialdad quirúrgica con la que estos individuos eliminan cualquier obstáculo que ose desafiar su omnipotencia. Este perfil no busca servir al bien común, sino utilizar la estructura del Estado como un mecanismo de validación de su propia grandiosidad, convirtiendo el servicio público en un feudo personal de impunidad y soberbia académica y profesional.
El rasgo distintivo de la PSICOPATÍA FUNCIONAL es la FRIALDAD AFECTIVA. En el análisis exhaustivo de figuras que han ocupado cargos de alta magistratura o alcaldías bajo este nombre arquetípico, observamos que no actúan por impulsos ciegos o emociones desbordadas, sino mediante una PLANIFICACIÓN METICULOSA, ESTRATÉGICA Y DESHUMANIZADA. Esto nos lleva directamente al concepto jurídico y clínico de PREMEDITACIÓN Y ALEVOSÍA. El psicópata no reconoce en sus colegas, subalternos o ciudadanos a seres humanos con dignidad intrínseca; los percibe exclusivamente como «OBJETOS DE USO». Si el objeto es funcional a sus intereses personales, se le trata con un encanto seductor y manipulador; si el objeto cuestiona su autoridad o exhibe una ética inquebrantable, se convierte automáticamente en un estorbo que debe ser removido mediante la RUINA REPUTACIONAL, LA PERSECUCIÓN ADMINISTRATIVA O LA ANIQUILACIÓN CIVIL. Esta capacidad de destruir vidas y destinos con un trazo de pluma y luego continuar con una agenda social impecable es lo que define la DISOCIACIÓN PSICOPÁTICA más extrema.
Por otro lado, el narcisista en el poder sufre de una patología grave de la IMPORTANCIA PROPIA. Para la «María Elena Merengue» de este arquetipo, el cargo público no es una carga de servicio o un deber hacia el ciudadano, sino un pedestal necesario para alimentar su ego insaciable. Existe una «INFLACIÓN DEL YO» que le hace creer fervientemente que las normas jurídicas son sugerencias aplicables para los demás, pero que ella habita en una dimensión superior, fuera del alcance del control ciudadano y la fiscalización moral. Cualquier asomo de disidencia es procesado como una AFRENTA PERSONAL INTOLERABLE. El narcisista no debate ni argumenta; el narcisista aniquila. No acepta la crítica porque su estructura interna colapsaría ante la más mínima duda de su infalibilidad. Por ello, estas «mentes maestras» dictan sentencias de muerte civil desde la comodidad de sus despachos, convencidas de que su voluntad es la única fuente de derecho válida. Al final, cuando estas figuras caen bajo el peso de sus propios excesos, suelen utilizar la MANIPULACIÓN IMPRESIONISTA, fingiendo ser víctimas de conspiraciones políticas o persecuciones de género para evadir su responsabilidad histórica ante la sociedad. Sabes quién es María Elena Merengue cuando comprendes que su mayor talento es SIMULAR UNA HUMANIDAD QUE NUNCA TUVO, mientras sus actos consumen todo a su alrededor, sin importar que, en el proceso, ARDA TROYA.
«Casi todos los hombres pueden soportar la adversidad, pero si quieres probar el verdadero carácter de un ser humano, dale poder.» — ABRAHAM LINCOLN.
Doctor Crisanto Gregorio León Profesor Universitario [email protected]
NOTA EDITORIAL: El presente análisis constituye un ejercicio de doctrina académica y crítica institucional, amparado en la libertad de cátedra y de expresión. Utiliza el nombre «María Elena Merengue» exclusivamente como un ARQUETIPO CRIMINOLÓGICO que describe un patrón de conducta observado en diversos expedientes judiciales y psiquiátricos de mujeres que, en cargos de alta responsabilidad, sucumbieron a la tríada oscura de la personalidad (narcisismo, psicopatía y maquiavelismo). Este estudio científico se fundamenta en casos históricos y judiciales de registro público internacional: 1) la juez Mary Helen Greer (Kentucky, EE. UU., 1978-1981): procesada por la Comisión de Conducta Judicial por abuso de poder y conflictos de interés; 2) la juez Elena Burlan-Pușcaș (Rumanía, 2018-2021): condenada a prisión efectiva por aceptar sobornos de redes criminales siendo integrante del Tribunal de Bucarest; 3) la juez María Elena Guadalupe Bustos (Ecuador, 2022): destituida por el delito de prevaricato tras emitir medidas cautelares irregulares para liberar a sentenciados; 4) el juez Huang Songyou (China, 2010): condena extrema por corrupción judicial y malversación, reflejando la severidad penal ante la traición al contrato social.