Pedro Quevedo ha vuelto a casa. El artista canario publicó este viernes su tercer disco de estudio, titulado El Baifo, un trabajo de 14 cortes con el que rompe la inercia de sus proyectos anteriores para centrarse en una necesidad puramente personal: celebrar su identidad grancanaria. En este álbum, el reguetón y el afro conviven con instrumentos típicos como el timple o las conchas majoreras, contando además con colaboraciones que van desde estrellas internacionales como Elvis Crespo hasta instituciones del folclore isleño como Los Gofiones.
El título del disco juega con el término guanche «baifo» (cría de cabra), haciendo un guiño al concepto anglosajón de G.O.A.T. (Greatest of All Time), posicionándose él como la «cría» o el heredero de los más grandes. Tras una jornada recorriendo Gran Canaria con la prensa para presentar los temas, Quevedo se mostró blindado ante las críticas y las presiones externas que conlleva su éxito masivo. «Me han exigido un montón de cosas, en verdad. La gente ha pedido de mí todo… No me raya ni un pelo, no me va a cambiar los planes de nada», confesó con rotundidad.
Uno de los puntos más comentados ha sido la inevitable comparación con el estilo de Bad Bunny. Quevedo, lejos de molestarse, admite que el puertorriqueño es una referencia constante en su carrera desde que empezó a usar el autotune. El canario defiende que la música es un proceso de construcción colectiva: «Parece que ahora todo el mundo quiere que los artistas sean súper genios, cuando los artistas se han inspirado de otros artistas toda la vida», explicó para normalizar el hecho de que los sonidos actuales beban de fuentes comunes.
A pesar de las rimas y los ritmos urbanos, el disco respira nostalgia. Aunque parte de las letras se escribieron durante su gira por lugares como Costa Rica o Ibiza, los últimos cinco meses de producción se realizaron íntegramente en su isla. Este retorno le ha servido para desconectar de las exigencias de la industria y poner el foco en lo que realmente importa. Para el cantante, en Gran Canaria la música pasa a un plano secundario frente a la familia y la tranquilidad, algo que agradece para no perder el norte.
Musicalmente, el artista aclara que, aunque hay una fuerte presencia de la cultura canaria, no se trata de un disco de folclore puro. Sin embargo, en temas como El Baifo interpola canciones tradicionales que suenan cada 30 de mayo, Día de Canarias. Quevedo se rodea de músicos locales de todas las edades para representar «cómo crecemos, cómo vivimos, lo que significa salir y lo que significa volver», convirtiendo el álbum en un retrato generacional de la juventud isleña que se siente orgullosa de su origen.
Finalmente, el cantante quiso destacar que el «momento de oro» que vive la música urbana en las islas no es casualidad, sino el resultado de un esfuerzo «hereditario». Nombres como Cruz Cafuné o Ptazeta abrieron camino para que su generación terminara de derribar las puertas del mercado global. Gracias a internet y al apoyo mutuo entre los artistas del archipiélago, Quevedo confía en que esta cadena de éxitos iniciada por sus predecesores y consolidada ahora con su nuevo trabajo no tenga fin.