Más de una década después del adiós definitivo, Paco León y Carmen Machi regresan al universo que marcó a toda una generación con Aída y vuelta, una propuesta que huye deliberadamente de la nostalgia fácil. El estreno, previsto para el 30 de enero, no es una continuación al uso ni ese “capítulo largo” que muchos esperaban, sino una metaficción que imagina cómo sería hoy el rodaje de Aída, con los actores interpretándose a sí mismos.
León, que dirige y participa en la película, no esquiva la polémica. Al contrario, la abraza con ironía. “Antes incluso de verla, hay quien dice que me he cargado la serie”, reconoce. Durante un tiempo pensó en una secuela tradicional, pero pronto entendió que repetir la fórmula podía traicionar lo esencial. Para él, ser fiel a Aída no significaba hacerla más grande, sino más honesta. “A veces, para conservar el espíritu, hay que cambiar la forma”, defiende.
La película juega precisamente con esa idea: el humor nace del choque entre el recuerdo de los personajes y la realidad actual de quienes les dieron vida. Carmen Machi, Miren Ibarguren, Eduardo Casanova o Secun de la Rosa aparecen sin máscaras, mostrando que detrás del personaje hay una persona distinta. El resultado es un ejercicio de comedia que reflexiona sobre el paso del tiempo, la fama y la identidad, sin perder el tono gamberro que convirtió a la serie en un fenómeno.
Para Carmen Machi, volver a Aída desde este lugar tiene un valor especial. Interpretarse a sí misma mientras reconstruye a su personaje permite al espectador entender algo que a menudo se olvida: actor y personaje no son lo mismo. La actriz recuerda hasta qué punto un papel puede marcar la percepción pública, llegando incluso a provocar situaciones incómodas o injustas. “Hay gente que cree que eres así porque lo haces muy bien”, explica, subrayando el impacto emocional que puede tener una ficción popular.
León insiste en que Aída y vuelta no suaviza su discurso. “No se podía hacer un Aída censurada”, adelanta. La película mantiene chistes incómodos y al límite, conscientes de que el humor también incomoda y obliga a pensar. Eso sí, desde una mirada más consciente: los tiempos han cambiado y ahora somos más críticos con aquello de lo que nos reímos, pero eso no implica renunciar a la comedia ni caer en un humor timorato.
Lejos de ser un simple reencuentro, la película es una conversación abierta con el público, una invitación a reírse del pasado sin quedarse atrapado en él. Aída y vuelta no pretende sustituir lo que fue la serie, sino dialogar con su legado. Y en ese juego de autocrítica, cariño y descaro, Paco León y Carmen Machi demuestran que volver también puede ser avanzar.