La reciente decisión del Ejecutivo de «militarizar» La Guaira ha generado una profunda decepción entre los afectados por los seísmos. Aunque el anuncio de la presidenta Delcy Rodríguez prometía una respuesta contundente, la realidad en las calles muestra un despliegue centrado en tareas de vigilancia y orden público.
«Militarizar» ha significado, en la práctica, que los efectivos permanezcan en las avenidas con armas largas, limitándose a dirigir el tráfico y alejar a los civiles, en lugar de involucrarse en las tareas críticas de desescombro.
Esta desconexión entre el despliegue oficial y las necesidades reales ha dejado a las comunidades en una situación de vulnerabilidad extrema. Mientras los militares patrullan, son los propios vecinos quienes se ven obligados a excavar entre los restos de sus hogares utilizando picos, palas y herramientas improvisadas.
Ante la ausencia de ambulancias o transporte oficial, son los vehículos particulares de los familiares los que trasladan a los heridos a los centros médicos, supliendo la carencia de un sistema de respuesta coordinado por parte del Estado.
El malestar ciudadano ante lo que perciben como una respuesta lenta e insuficiente ha crecido exponencialmente. Numerosos residentes han expresado sentirse «abandonados por el Estado», señalando que las labores de rescate han sido, desde el inicio, una iniciativa puramente comunitaria, según recoge The New York Times.
Pese a que los canales oficiales insisten en proyectar una imagen de eficacia, mostrando a bomberos y policías en zonas acotadas, los ciudadanos insisten en que las fuerzas armadas han brillado por su ausencia en el epicentro de la emergencia.
La clase política opositora no ha tardado en cuestionar la gestión de la crisis. María Corina Machado, en una entrevista reciente, lamentó la «falta de capacidad de respuesta ante emergencias por parte del régimen», enfatizando que, a pesar de los anuncios gubernamentales, «hay zonas que ahora mismo no están recibiendo atención» y que el tiempo sigue corriendo para las víctimas que aún permanecen sepultadas.