Miles de madrileños han vuelto a llenar desde antes de la medianoche la Plaza de Jesús y las calles aledañas del barrio de Las Letras para participar en el tradicional besapiés del Cristo de Medinaceli, una de las manifestaciones de fe más arraigadas de la capital que cada primer viernes de marzo reúne a fieles de toda la región.
La Basílica de Jesús de Medinaceli ha abierto sus puertas durante toda la jornada para permitir el paso ininterrumpido de devotos que, en largas filas que serpenteaban desde primeras horas de la mañana, esperan su turno para acercarse a la imagen del Cristo nazareno del siglo XVII y tocar o besar sus pies.
La escena se repite cada año, aunque con matices propios de cada jornada. En esta ocasión, el cielo amenazaba lluvia sobre Madrid y no perdonó, pero ni el chaparrón ha disuadido a los fieles.
La tradición marca que se pidan tres deseos, simbolizados muchas veces con tres monedas iguales, de los cuales, según la creencia popular, se cumplirá únicamente uno.
Entre los asistentes había historias de devoción transmitidas de generación en generación. Una mujer llegada desde Alcalá de Henares esperaba en la fila desde las 8.30 horas. «Vengo desde que tenía 15 años», cuenta a Europa Press. «Primero venía con mi madre y ahora vengo con mi hija. Se me han cumplido muchos deseos».
A pocos metros, otra mujer llegada desde Parla explicaba que lleva años repitiendo el mismo gesto de fe. «Intento no faltar nunca. Es una tradición que tengo desde hace mucho tiempo», ha asegurado mientras la fila avanzaba lentamente hacia el interior del templo.
La Basílica de Jesús de Medinaceli alberga una de las imágenes más veneradas por los madrileños. Se trata de un Cristo nazareno de la primera mitad del siglo XVII, de 1,73 metros de altura, tallado en Sevilla y perteneciente a la iconografía conocida como Cristos de la Sentencia.
La talla llegó a Madrid en 1682 con fama de milagrosa y ese mismo año protagonizó una multitudinaria procesión a la que acudió lo que las crónicas de la época describieron como «todo Madrid»: desde el pueblo llano hasta la nobleza y la Casa Real.
Desde entonces, el primer viernes de marzo se ha convertido en una auténtica romería urbana que cada año atrae a miles de fieles, entre ellos habitualmente algún miembro de la Familia Real, este año Su Majestad la Reina Doña Sofía, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, o la presidenta autonómica, Isabel Díaz Ayuso.
La imagen se encuentra en el característico camarín situado sobre el retablo del altar mayor del templo, levantado sobre el antiguo convento de los trinitarios descalzos de Nuestra Señora de la Encarnación. El edificio fue declarado basílica menor por el papa Pablo VI en 1973 y actualmente está regido por la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos.
Durante su visita al templo, el alcalde de Madrid ha destacado el carácter profundamente madrileño de esta jornada. «Es un día especial, uno de esos días bonitos, a pesar del tiempo que no acompaña demasiado. Pero eso no quiere decir que el fervor de los madrileños no sea como el de todos los años para venir a ver al Señor de Madrid», ha señalado en declaraciones a los medios.
El regidor ha explicado que, siguiendo la tradición de los tres deseos, ha pedido paz, apoyo para las personas vulnerables y empleo. «En estos tiempos difíciles uno tiene que pedir por la paz, por lo que está pasando en el mundo. También acordarse de quienes lo están pasando peor y, por supuesto, pedir que todos podamos tener un trabajo», ha afirmado.