Los niños que pasan dos o más horas diarias frente a pantallas presentan un riesgo notablemente mayor de cumplir los criterios de cribado de un posible trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). En concreto, ese riesgo se multiplica por 2,16 respecto a los que dedican menos de una hora al día.
Estos datos proceden del informe ‘Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia’, elaborado por un grupo de investigación de la Universidad de Navarra con el apoyo de la Fundación Mapfre. Forma parte del Proyecto SENDO, una cohorte pediátrica que monitoriza a un grupo de niños a lo largo del tiempo.
El análisis se centró específicamente en la alimentación y el tiempo frente a pantallas, y su relación con la salud psicoemocional y los síntomas de TDAH. Este trastorno afecta ya a entre el 5 y el 7% de los niños en España.
Participaron 568 niños y niñas de entre 4 y 5 años al inicio del estudio. La información sobre alimentación, actividad física, sedentarismo y sueño se recogió mediante cuestionarios respondidos por los padres.
Los investigadores emplearon dos instrumentos complementarios. Por un lado, el Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ), un cuestionario de 25 preguntas que valora síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad, relaciones con los compañeros y conducta prosocial.
Por otro lado, utilizaron la escala de TDAH de DuPaul, compuesta por 18 ítems centrados en la inatención y la hiperactividad-impulsividad. Ambas herramientas permiten detectar síntomas, pero no sustituyen a una valoración clínica ni establecen un diagnóstico definitivo.
Los resultados mostraron que el 10,9% de los participantes cumplió los criterios de «posible TDAH» según la escala de DuPaul. La doctora Nerea Martín Calvo aclaró que esta clasificación no equivale a un diagnóstico, sino que sirve para identificar a quienes podrían necesitar una valoración clínica más completa.
Dentro del grupo analizado, el 61% de los niños dedicaba menos de una hora diaria a las pantallas, frente a un 39% que superaba esa cifra. Entre una y dos horas de exposición diaria, el riesgo relativo de síntomas de TDAH fue del 1,22; a partir de dos horas, ese riesgo ascendió al 2,16.
El estudio también analizó el papel de los productos ultraprocesados, que representaron de media el 37% de la ingesta energética de los niños participantes. Al comparar a quienes consumían más de estos productos con quienes consumían menos, aparecieron diferencias claras.
El grupo con mayor consumo obtuvo 1,50 puntos más en la puntuación total del SDQ y 2,14 puntos más en la escala de DuPaul, tras ajustar por otros factores. Las diferencias más significativas se observaron en hiperactividad, relaciones con los compañeros, conducta prosocial e inatención.
Los datos muestran una tendencia progresiva: la puntuación total del SDQ pasó de 6,26 puntos en el grupo de menor consumo a 7,76 en el de mayor consumo. En la escala de DuPaul, el salto fue de 9,73 a 12,3 puntos.
Según la doctora Martín Calvo, estos resultados subrayan la importancia de incorporar la alimentación y los hábitos digitales a una valoración integral del bienestar infantil, sin culpabilizar a las familias. El siguiente paso, señaló, será replicar estos hallazgos y estudiar si modificar estos hábitos produce cambios reales en los síntomas.