El último debate televisado antes de la segunda vuelta electoral en Brasil, transmitido por la cadena TV Globo desde Río de Janeiro, estuvo marcado por un enfrentamiento directo entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el candidato ultraderechista Flávio Bolsonaro. El encuentro, que sirvió para confrontar dos modelos de país opuestos, no estuvo exento de descalificaciones personales: el aspirante de la derecha utilizó el término peyorativo «nuevededos» contra el mandatario, ante lo cual Lula respondió afianzando que no se dejaría insultar por un «miliciano» que «no ha trabajado ningún día de su vida».
En el bloque de infraestructura y economía, Bolsonaro criticó la gestión del actual Ejecutivo señalando que ha logrado «convertir el país en un cementerio de proyectos inconclusos», citando miles de obras detenidas registradas por el Tribunal de Cuentas. Por su parte, el presidente contrapuso que «en ningún momento de la historia del país se ha invertido tanto en proyectos de infraestructura como en los últimos años», agregando que la mayoría de esos proyectos pendientes fueron heredados del anterior mandato de Jair Bolsonaro.
La discusión sobre el costo de vida y el salario mínimo generó uno de los cruces más firmes, con un Flávio Bolsonaro que acusó a la administración actual de estrangular las finanzas familiares: «Sube las tasas de interés a niveles altísimos y arrastra la deuda con ellas. Lula, ¿por qué endeudaste así al pueblo brasileño?». Frente a esto, Lula defendió la recuperación del poder adquisitivo: «Si no fuera por este Gobierno, si no hubiéramos ajustado el salario mínimo por encima de la inflación, ¿saben cuál sería el salario mínimo si su padre no lo hubiera aumentado? Sería de 900 reales».
Respecto a la política exterior y el sector agrícola, Lula restó importancia a los roces comerciales internacionales enfatizando que «nunca antes Brasil había exportado tanto», asegurando además que si EE UU no compra sus productos, buscarán otros mercados. Por su parte, Bolsonaro prometió desburocratizar el campo: «Todos los agricultores se quejan porque, cuando llega el momento de conseguir financiamiento […], simplemente se vuelve imposible», debido al exceso de trámites y tasas reales elevadas.
El plano de las políticas sociales y los derechos laborales derivó en duros cuestionamientos hacia el historial legislativo de Bolsonaro, en particular sobre su voto en contra de ampliar la licencia de maternidad. Flávio justificó su voto pasado admitiendo: «Me equivoqué. Hoy, tras casarme y tener dos hijas, sé más que nunca la importancia de que una madre esté cerca de su hijo durante 180 días», postura que Lula desacreditó como mero oportunismo electoral al recriminarle sus antiguas críticas a los programas sociales: «Eso es una falta de respeto hacia los pobres de este país».
El cara a cara concluyó reflejando un panorama electoral sumamente fracturado en el que ambos sectores han pedido al Tribunal Superior Electoral la nulidad de las candidaturas rivales. Con altos índices de rechazo en ambos lados y una ventaja mínima en las encuestas, la decisión final quedará en manos del reducido porcentaje de indecisos y votantes en blanco que acudirán a las urnas este domingo.