Los especialistas en pediatría señalan una tendencia al retraso madurativo en los niños durante la última década, un fenómeno que se vio acelerado notablemente por la pandemia de la covid-19.
Entre los principales factores de este retraso se encuentran la exposición excesiva a las pantallas y una menor interacción con el entorno, lo que afecta especialmente al desarrollo del lenguaje.
Los diagnósticos de retraso aislado del lenguaje llegaron a duplicarse en el periodo posterior a los confinamientos, representando hasta el 62,9% de las derivaciones a unidades de atención temprana en estudios de cohortes españolas.
La Asociación Española de Pediatría (AEP) sostiene que no existe una cantidad de exposición segura a las pantallas antes de los seis años, ya que estas dificultan el habla y pueden repercutir negativamente en la capacidad de autorregulación y en la gestión de la frustración.
Los expertos apuntan a que la resistencia de los padres a permitir que los menores se equivoquen, sumada a la sobreprotección y al abuso digital, frena hitos fundamentales como comer solos, vestirse o retirar el pañal.
Para favorecer una correcta evolución, se recomienda fomentar la interacción familiar, el juego compartido y la lectura frente al consumo pasivo de contenidos, respetando el ritmo individual del menor y consultando al pediatra si las dificultades persisten.